jueves, 31 de mayo de 2012

Otras primaveras


Cd. Victoria, Tam.- Emplear el nombre de una estaci贸n del a帽o para describir etapas de inconformidad y cambio, est谩 muy lejos de representar un concepto s贸lido en el campo de las ciencias sociales.
Muy apenas se aproxima a una met谩fora period铆stica, un mote popular cuyo sabor rom谩ntico empieza desde las im谩genes que evoca su significado literal.
Elementos comunes los hay entre los diversos casos de efervescencia ciudadana desde sus referentes cl谩sicos (Par铆s, Praga y M茅xico en 1968) hasta la ola de rebeld铆a que hoy barre con dictadores y reyezuelos al norte de 脕frica (T煤nez, Argelia, Libia, Egipto) en eso que llaman Magreb.
Aunque tambi茅n afloran las diferencias. La primavera espa帽ola que arranca en 1975 tras la muerte de FRANCISCO FRANCO tuvo, sin duda, un desenlace productivo.
Abri贸 una transici贸n eficaz que en muy poco tiempo incorpor贸 su econom铆a cerrada al mundo europeo y convirti贸 al viejo Estado fascista en una monarqu铆a parlamentaria donde los socialistas ya han gobernado dos veces.
La primavera de Praga, en cambio, dur贸 unos cuantos meses (de enero a agosto de 1968) y termin贸 con la irrupci贸n sangrienta de los tanques rusos.
Su contempor谩nea mexicana acab贸 tambi茅n con un ba帽o de sangre que hoy (44 a帽os despu茅s) seguimos recordando con un dejo de amargura cada 2 de octubre.
No muy distinto fue el colof贸n fatal que enterr贸 la esperanza de los estudiantes chinos, aplastados en la Plaza Tiananmen el 4 de junio de 1989.
De Magreb a Levante los resultados son disparejos. Caen dictaduras a帽ejas, pero no se respira una apertura que libere a los medios de la censura y a las mujeres de su shador, el velo que cubre la mitad de su rostro y simboliza su exclusi贸n.
El elemento com煤n de todas las primaveras contadas (y por contar) ser铆a la esperanza, ante un pasado que los inconformes ven representado en formas de gobierno y estructuras econ贸micas injustas, aunque tambi茅n (mire usted que interesante) modelos obsoletos de moral social.
La contracultura anglosajona en los a帽os sesentas (jam谩s calificada como “primavera”) combin贸 banderas radicales con una cr铆tica feroz a las costumbres r铆gidas del puritanismo protestante.
El fin de la dictadura en Espa帽a lleva aparejada una alegre impugnaci贸n de la moralina imperante, aparejada al renacimiento de la m煤sica popular, el cine de autor, la pl谩stica y la literatura.
Paradoja estimulante. Las adolescentes modosas del cine franquista (por dem谩s 帽o帽o y banal) se convertir谩n, ya cuarentonas, en las divas del “destape” que legitimar谩 pulsiones largamente confinadas mientras gobern贸 el s谩trapa que se asum铆a “general铆simo y caudillo por la gracia de Dios”.
La transici贸n mexicana tras la masacre en Tlatelolco no fue tan eficiente ni tampoco ha ido tan r谩pido. Sigue abierta y de hecho es asignatura pendiente proyectada, hoy como ayer, hacia un futuro incierto.
La reforma impulsada bajo el lopezportillato y desde la Secretar铆a de Gobernaci贸n a cargo de JESUS REYES HEROLES (1977-1978) fue tan s贸lo un punto de partida de donde zarpamos hace 35 a帽os sin alcanzar a煤n tierra firme.
Los seis gobiernos transcurridos desde 1977 no han podido fructificar ni en una reforma definitiva ni en un sistema maduro y estable de partidos.
Todav铆a hoy, la organizaci贸n m谩s importante de la izquierda mexicana (el PRD, antes PMS, antes PSUM, antes PC) tiene en su agenda un nuevo nombre para el entrante 2013, bajo el c铆clico sue帽o de refundaci贸n y fusi贸n, en la eterna b煤squeda de su identidad final.
Por mencionar dos casos, el Partido Socialista Obrero Espa帽ol fue fundado en 1879 (hace 133 a帽os) mientras que el Partido Socialista Franc茅s naci贸 en 1902 (hace 110 a帽os). 
Ambas organizaciones lucen hoy una tradici贸n ininterrumpida de lucha, bajo la misma denominaci贸n e id茅nticas siglas. 
No hay, sin embargo, un modelo 煤nico de primavera pol铆tica. Entre tantas referencias, la mexicana deber谩 elegir su propio destino.