viernes, 13 de enero de 2017

¿Policía nacional?

Cd. Victoria.- La coincidencia se extiende más allá de los partidos, de CABEZA DE VACA a PEÑA NIETO. Todavía no es tiempo de sacar al ejército de las calles. Tampoco a los marinos.
La razón salta a la vista, no hay quien haga el trabajo. Ni la Policía Federal ni su disminuido apéndice la Gendarmería tienen capacidad numérica para acudir al reemplazo.
Menos aún las corporaciones estatales (sin importar cómo se llamen) y de las municipales mejor ni hablamos.
En otras latitudes del globo, las policías nacionales (gendarmerías, carabineros, guardias civiles) han asumido con éxito la responsabilidad, entre otras razones porque sus ejércitos tienen demasiada actividad fuera de sus fronteras.
En México, en cambio, hay una tradición distinta. Nuestras fuerzas armadas son definidas como ejército de paz y la más numerosa de las dependencias castrenses no se llama Secretaría de Guerra sino de Defensa. Acaso por ello la mirada de soldados y marinos está puesta en el frente interno.

PARTO FALLIDO
Se recordará que ENRIQUE PEÑA NIETO prometió en su campaña de 2012 crear una institución monumental.
Una corporación policiaca de carácter nacional bautizada desde entonces como Gendarmería y que estaría integrada, desde el arranque, con 40 mil hombres.
La visión del entonces candidato es que no esperaría a capacitar tanta gente sino que, de manera automática, trasladaría cuadros del Ejército y la Marina a ese nuevo proyecto, bajo mando civil y dependiente de Gobernación.
El modelo se importó de experiencias reconocidas en Europa y Sudamérica, como la francesa Gendarmerie National o las policías militarizadas de Colombia y Chile, adscritas todas al ministerio del interior.
Aunque algo falló. Ciertamente, SEGOB absorbió de inmediato a la Policía Federal al asumir PEÑA en 2012 y desaparecer la Secretaría de Seguridad Pública.
Pero la dichosa Gendarmería, la “gran arma civil” de cobertura republicana que daría descanso a las fuerzas castrenses jamás llegó.
Por ahí la fueron posponiendo. La anunciada reconversión (mediante simple cambio de adscripción) de efectivos militares en policías demostró ser bastante más difícil de lo que PEÑA imaginó.
Al final no pudo. Tras bastidores se filtró que los altos mandos de SEDENA y SEMAR no vieron con buenos ojos que sus muchachos fueran reubicados en una institución bajo mando civil.
No será hasta agosto de 2014 (contados 21 meses luego de asumir la Presidencia) cuando se presenta en sociedad la traída y llevada Gendarmería, reducida a una simple división (la séptima) de la ya existente Policía Federal.

VANAGLORIA INUTIL
Seguimos, pues, echando de menos esa gran arma nacional que proteja a los mexicanos de la delincuencia y permita a soldados y marinos retornar a sus cuarteles.
De nuevo vemos aquí una falla de carácter formal que se convierte en problema de fondo. Algo típico en PEÑA NIETO.
Su afán de innovar por innovar, la vanidad de dar vida a una dependencia distinta que le diera sello a su régimen (y por la cuál sería recordado) a la postre echó a perder las cosas.
Para fines prácticos, el cimiento de esa gran arma nacional en manos civiles ya existía en la corporación creada por ERNESTO ZEDILLO (enero de 1999) bajo el nombre de Policía Federal Preventiva (PFP).
Dependencia que luego fue reestructurada por FELIPE CALDERÓN (junio de 2009) y renombrada como Policía Federal (PF), sumando en ella facultades de investigación y prevención.
Pero PEÑA no supo o no quiso ver. Sin mucho ruido, sin los rimbombantes uniformes de la gendarmería y sin la fracasada (y cara) asesoría colombiana, el camino más sencillo era fortalecer a fondo la PF y punto. Así de sencillo.
Se perdió la oportunidad. Veremos que proponen los candidatos de todos los partidos en 2018.