martes, 17 de enero de 2012

Los indeseables



Cd. Victoria, Tam.- Sabiduría al formar equipo, virtud toral en cualquier líder que se precie de serlo. La simpatía o desaprobación muchas veces se gana o pierde, incrementa o merma, al observar quienes acompañan en la aventura a un gobernante en ciernes.
Preocupado entonces debiera estar el aspirante tricolor ENRIQUE PEÑA NIETO si la imagen que proyecte en su camino a las urnas luciera vinculada a personajes de acaso alguna ayuda en el plano de los amarres discretos pero con palmarios inconvenientes en el terreno de la fama pública.
Y es que el sufragante, por despolitizado que esté, quizás no sepa por quien o hacia donde desea dirigir su voto, pero al menos conoce con claridad la orientación de sus fobias, la naturaleza de sus tirrias, aquello que le repulsa y no quisiera ver más en la vida política nacional.
Es el sufragio por descarte, cuando la gente dice: “no se todavía por quien voy a votar" pero por tales o cuales personas no, porque representan prácticas políticas que acaso considere obsoletas, chocosas o nocivas.
El elector se pregunta, por ejemplo, qué modelo de trabajo será más adecuado para la educación pública a partir de diciembre próximo: el que encarna el ex-rector de la UNAM JUAN RAMÓN DE LA FUENTE, propuesto por AMLO para la SEP o el que representa la lideresa magisterial ELBA ESTHER GORDILLO, socia de PEÑA NIETO.
Pero hay más. La coalición del PRI con los partidos Nueva Alianza y Verde Ecologista parece incluir la entrega de cargos senatoriales a personalidades de escasas virtudes como MÓNICA ARRIOLA y FERNANDO GONZÁLEZ (hija y yerno de ELBA ESTHER) o de cara demasiado sucia como el socialité JORGE EMILIO GONZALEZ (actual dueño, por derecho hereditario, del PVEM), el junior boxeador JORGE KAHWAGI (gerente del PANAL) y similares.
Por el bando tricolor también se forman en dirección a la cámara alta, ex-mandatarios estatales de infausta memoria como el poblano MARIO MARIN (el “gober” precioso), el sátrapa oaxaqueño ULISES RUIZ y también MARÍA ELVIA AMAYA, esposa del ex-alcalde de Tijuana JORGE HANK RHON.
En diciembre del 2008, cuando BARACK OBAMA era apenas presidente electo y empezaba a filtrarse en medios la lista de sus futuros colaboradores, un reportero le reclamó por la presencia en su equipo de muchos políticos de la llamada vieja guardia.
La objeción periodística tenía sentido para un mandatario electo que durante su ascenso al poder había insistido hasta la saciedad en la idea de una ruptura deliberada con los grupos de interés y las viejas maneras de hacer política encarnadas en las camarillas burocráticas de Washington.
Con el rostro crispado y en tono duro OBAMA respondió de manera categórica: “I Am the change” (el cambio soy yo) dijo, aduciendo que sin importar quien lo acompañase en su ascenso al poder, los compromisos de campaña estaban garantizados por su presencia.
La historia posterior dirá que BARACK resultó bastante más conservador de lo que se esperaba y esto hoy la opinión ciudadana lo achaca, precisamente, a su equipo, ese “team” de políticos profesionales y burócratas mañosos que encabeza HILLARY CLINTON.
Mucho tendrá que bregar, entonces, el virtual abanderado tricolor ENRIQUE PEÑA NIETO para convencer al electorado de que sus pretensiones de cambio son reales, hoy que observamos entre sus huestes a representantes fidedignos de la política ficción, liderazgos chatarra de los cuáles el país está comprensiblemente harto.
No menos lesiva la compañía de personajes como CARLOS y RAUL SALINAS quienes ya han hecho público su propósito de recuperar medio centenar de propiedades que le fueron confiscadas por el gobierno de ERNESTO ZEDILLO.
El “timing” puntual de este reclamo es, precisamente, el de un año electoral donde los SALINAS parecen estar apostando todo a la candidatura de PEÑA NIETO.
Y observe usted la maniobra: apoyan y piden al mismo tiempo: ¿Lo primero condicionado a lo segundo?