lunes, 14 de agosto de 2017

EPN: ruta sucesoria

Cd. Victoria, Tam. – A estas alturas, cabe suponer que ENRIQUE PEÑA NIETO ya carga en su morral las decisiones centrales en torno a la película del 2018.
Por supuesto, la identidad del candidato presidencial es la nota más atractiva para los medios, aunque no la única. Ni siquiera la principal.
Más significativo será el diseño de escenarios. Sobre todo, si tomamos en cuenta el bajísimo nivel de aceptación que arrastra su mandato, golpeado además por escándalos como Ayotzinapa, la Casa Blanca, JAVIER DUARTE y la criminalidad que no cesa.
La prospectiva cambia si EPN (1) piensa que puede ganar, pese a todos los negativos que hoy aquejan a su partido, o bien (2) considera necesario administrar una alternancia pactada con el PAN.
Ya lo hemos comentado aquí. Si, en verdad, el PRI desea competir por la Presidencia, el candidato será un político, entre los tres más cercanos a Los Pinos: MIGUEL ANGEL OSORIO, CESAR CAMACHO y ERUVIEL ÁVILA.
Si, en cambio, la decisión se inclina por un “sparring”, la nominación recaería en hombres como MEADE, NUÑO o NARRO. Principales beneficiados por la abolición del candado que exigía 10 años de militancia a los candidatos presidenciales.
Al respecto, cabe añadir que LUIS VIDEGARAY se autodescartó hace meses y ni siquiera asistió a la XXII asamblea tricolor.

ENEMIGO COMÚN
En el fondo se trata de un modelo implementado con éxito en el plano global, donde liberales y conservadores se han sucedido en el mando con el objetivo común de impedir el paso a las izquierdas. Ni siquiera en México es nuevo.
En 1994, DIEGO FERNÁNDEZ operó bajo consigna de golpear sistemáticamente a CUAUHTEMOC CÁRDENAS para abrirle camino a ERNESTO ZEDILLO.
En 2000, ZEDILLO sacrifica a PANCHO LABASTIDA, permite el arribo de VICENTE FOX y la derrota final de CÁRDENAS.
En 2006, los gobernadores del PRI abandonan a ROBERTO MADRAZO, cierran filas en torno a FELIPE CALDERÓN y boicotean a LÓPEZ OBRADOR.
Y en 2012, el PAN lanza una candidata débil como JOSEFINA VÁZQUEZ MOTA, permite la consolidación de PEÑA en las preferencias electorales y se gesta otro fracaso de AMLO.
La novedad en 2018 viene de las encuestas cuando nos dicen que ningún partido puede ganarle a MORENA si compite solo.
Lo cuál no sería problema en países donde hay segunda vuelta entre los dos contendientes más votados.
En México, en cambio, las negociaciones previas cobran relevancia crucial. De ahí el interés mostrado por el PAN y el PRD para acordar una presunta alianza contra el PRI, aunque (ya lo dijimos) su verdadero objetivo es meter zancadilla (por tercera vez) a LÓPEZ OBRADOR.

PLAZO LARGO
Mención aparte merece la actualización estatutuaria. Su relevancia (hay que decirlo) va más allá del 2018, por ser avances que (gane o pierda) le sirven a cualquier partido para sus años venideros.
En este campo entra la incorporación de la regla “3 de 3” (las declaraciones de orden patrimonial, fiscal y de intereses) como requisito obligado para ser candidato.
Y también que le hayan puesto cifra a la equidad de género, ideal cacareado durante décadas, aunque jamás cumplido. Ahora exigirá un reparto de nominaciones 50/50.
Ello, además de los reiterados pronunciamientos en defensa de la diversidad sexual que reconocen los derechos del sector lésbico-gay.
Nada (por cierto) que un partido medianamente progresista del llamado primer mundo no haya incorporado a sus principios desde hace tres o cuatro décadas.
En cuanto a la creación de un código de ética y su instancia respectiva en la dirección partidista, la opinión pública nacional lo tomó a chunga.
Peor aún, como una burla siniestra. Un desplante huérfano de credibilidad mientras sigan impunes personajes como CARLOS ROMERO DESCHAMPS y media docena de exgobernadores.