lunes, 28 de agosto de 2017

Difícil reconstrucción

Cd. Victoria, Tam. – El ingeniero SERGIO GUAJARDO ganó apenas una batalla al conquistar este sábado la dirigencia tricolor.
Una entre muchas escaramuzas que deberá librar desde hoy a la próxima elección de 2018, la más compleja que habrá de vivir el PRI tamaulipeco desde su fundación.
Primera que encare en su condición inédita de opositor estatal. Sin saber todavía cómo responderá la vieja maquinaria tras catorce meses de inactividad.
Tiempo en que dirigencia, sectores y organizaciones se dedicaron a llorar la derrota, lamer sus heridas y repartir culpas, sin realizar tarea alguna de reconstrucción, ni recuento o control de daños.
Larga suspensión de labores que hoy debe pesar como difícil baldosa en las espaldas del renovado Comité Estatal.
Y si el trabajo de recomponer la estructura se antoja farragoso, complejo, lo será también el recuperar credibilidad entre una militancia que se sintió abandonada desde la derrota, en junio de 2016.
Acaso pudo haber permanecido BALTAZAR para reencausar los ánimos del medio millón de votantes que le dieron su apoyo.
Prefirió ofrecer una tétrica conferencia de prensa, de la que todavía existe memoria gráfica donde asoman esos rostros de velorio que ni de broma se plantearon la necesidad de retomar la lucha partidista.
De entonces a la fecha no hubo PRI. Se acalló de pronto el canto de las magnolias, desaparecerían operadores, dirigentes sectoriales, líderes de organizaciones y hasta las tareas de prensa. ¿Qué habrían de comunicar si no estaban haciendo esfuerzo alguno?
Sus propios diputados, convertidos ahora en primera fuerza opositora del Congreso local, es fecha que no logran salir del marasmo. Como artefactos sin pilas, permanecen congelados en el último gesto que hicieron el día de la derrota.
Desde luego que habrían podido hacer algo. Y el mejor ejemplo (ya comentado aquí) es la actitud observada en el PRI nacional tras la victoria de VICENTE FOX en 2000, sobre FRANCISCO LABASTIDA.
Sus responsables de inmediato se pusieron en marcha, asumiendo la función como principal interlocutor del nuevo gobierno. Renovaron sus cuadros y para el año 2002 ya estaban nuevamente ganando comicios regionales.
Amén de la combatividad mostrada desde el primer día en las dos cámaras federales, su presencia en los medios que jamás declinó y la voluntad clara de recuperar espacios.
Cuestión de recordar la actividad que entonces desplegaron los sucesivos dirigentes nacionales, desde DULCE SAURI y ROBERTO MADRAZO hasta MARIANO PALACIOS y BEATRIZ PAREDES, por citar algunos.
En Tamaulipas, por el contrario, el Revolucionario Institucional desapareció prácticamente del mapa, cumpliéndose así la enseñanza aquella. Espacio que abandonas, espacio que alguien ocupa.
Lo mismo en medios que en trabajo proselitista y en tareas legislativas, el PRI concedió todo el terreno al ganador contundente (e inobjetable) del 2016, el PAN.
El ascenso ahora de SERGIO GUAJARDO abre una nueva etapa, ciertamente, Aunque todavía está por verse si podrá reanimar ese cuerpo inerte, tras una elección interna que deja grietas profundas en todos los grupos.
De nueve aspirantes, el criterio arbitral de JOSÉ MURAT redujo a tres la etapa final: GUAJARDO, LUEBBERT y GUEVARA.
En la víspera, GUEVARA renunciaría, sin dar sus votos a nadie. Se retiró y punto. Al final, la elección sabatina tuvo lugar con los resultados de sobra conocidos.
Hay un inocultable ánimo de celebración y entusiasmo entre operadores y simpatizantes de GUAJARDO.
Habrá que sopesar, medir, calcular el grado de escepticismo, desconfianza que, sin duda, persiste abajo. Entre esas bases partidarias que fueron carne de cañón durante la fallida campaña baltazarista y al final se quedaron sin nada.