martes, 16 de mayo de 2017

Diagnóstico perfectible

Cd. Victoria, Tam.- Llueven críticas al gobierno federal tras cumplirse este mayo tres años de la estrategia antidelictiva implantada por MIGUEL ANGEL OSORIO en tiempos del gobernador EGIDIO TORRE.
La desconfianza afecta de paso al sucesor del ingeniero TORRE, el actual Jefe del Ejecutivo FRANCISCO GARCÍA CABEZA DE VACA.
Aunque si hacemos memoria, el programa acordado entre OSORIO y TORRE se cumplió objetivamente en octubre de 2015, al anunciarse el arresto del objetivo prioritario número 15.
Último en una lista de jefes delictivos que fueron abatidos o encarcelados de manera puntual y en el lapso de tiempo acordado.
El proyecto deriva de una lista más amplia (122 capos) que el gobierno de ENRIQUE PEÑA NIETO se propuso combatir desde su llegada.
Que Tamaulipas siga siendo una entidad muy peligrosa y México mismo no perciba resultados positivos puede acaso significar que el diagnóstico se quedó corto o apuntó en la dirección equivocada.
Aunque ello no impide reconocer que el trabajo fue intenso, hubo objetivos cumplidos y fueron muchos. En Tamaulipas, todos.
Y esto nos lleva a la estrategia seguida por FELIPE CALDERÓN cuyo gobierno logró abatir o capturar a 25 capos de primerísimo nivel. Verdaderas celebridades del bajo mundo.
Continuador de la misma estrategia, PEÑA NIETO ya anda muy cerca de cumplir su cometido. A principios de abril pasado, habrían caído (presos o muertos) 106 de dichos objetivos, faltando tan sólo 16 (la cifra puede variar).
La cuestión es la misma para FELIPE y ENRIQUE: ¿golpear en la cúpula delictiva modifica la inseguridad de barrio, disminuye la tasa de extorsión, alivia los secuestros en carreteras, abate los asaltos en rancherías, el cobro de piso y todas esas prácticas que se han instalado a ras de suelo en la realidad de cada día?

ARRIBA Y ABAJO
Inspirados acaso en el refranero popular, nuestros últimos dos presidentes hay hecho realidad la enseñanza aquella de que “las escaleras se barren de arriba para abajo.”
Decisión inteligente si se aplica al combate de la corrupción. La gente quiere (en efecto) ver caer peces gordos y no sardinas.
Siempre se verá mejor que los perseguidos sean exgobernadores y exalcaldes que modestos oficinistas o encargados de ventanilla.
Sin embargo, en el mundo del narcotráfico la realidad es inversa. No son los escalones más altos los que afectan o mortifican a la gente. Son los primeros, los inmediatos, próximos, vecinales.
La caída del CHAPO no hizo más seguros los barrios de Sinaloa ni el derrumbe de la TUTA regresó la paz a Michoacán.
¿Por qué?, porque México vive desde principios de siglo una insurrección popular, un estallido social, solo que sin bandera ni causa, sin doctrina ni ideales.
Gente que toma la iniciativa y busca apropiarse en forma violenta de los bienes básicos que el sistema le ha negado.
La guerra con armas que brotó a principios de este siglo es la respuesta popular a la violencia económica anterior, ejercida desde el Estado contra la población mayoritaria, mediante la furiosa espiral de precios de los años 80s y 90s, a la par que congelaban el salario.
Descompuesta la base de la pirámide, las acometidas de grupos irregulares contra la sociedad civil ocurren con un alto grado de independencia respecto a sus jefes formales, padrinos, capos de la droga, nombres y apellidos famosos.
Hoy podrán elaborar otra lista nacional de 122 objetivos prioritarios (o 15 más en Tamaulipas) y el cumplimiento cabal de dichos propósitos no devolverá la paz a la vida productiva.
En las tareas de protección y seguridad ciudadana, la prioridad descansa en el escalón primero y más cercano. Sin este diagnóstico, declaraciones y discursos son solo buenas intenciones. Hermosos castillos en el aire.