martes, 6 de septiembre de 2016

Purga al vocabulario

Cd. Victoria.- Temas de la democracia, a partir de que la diversidad pasó de ser bandera marginal para convertirse en nicho electoral, un cambio de óptica se gestó en los partidos.
Pragmatismo habemos. A medida en que la bandera igualitaria va ganando espacios el rechazo se vuelve más sutil dentro de la clase gobernante.
La homofobia se incorporó, pues, al conjunto de posturas políticamente incorrectas que los estrategas electorales se ven obligados a evitar para no generar votos en contra.
El tema se incluye en la lista de actitudes consideradas de efecto sensible, amen de indeseable, como xenofobia, racismo, clasismo y misoginia, que si no logran erradicarse del todo, al menos deben excluirse de cualquier uso político.
Y exige, además, el debido cuidado en todo lo que se comente sobre personas con discapacidad, los compatriotas que ahora identificamos “con capacidades diferentes”.
El riesgo es de sobra conocido. Casos de candidatos a diputados o alcaldes que han sido conminados a dejar la contienda por alguna declaración sospechosa de discriminar o hacer burla por razones de género, perfil étnico o por su orientación sexual.
Un “tuit” de más que cruce la delicada línea de lo correcto puede desencadenar una tormenta y convertirse en #TrendTopic negativo, linchamiento incluido.

HUMOR DE RIESGO
Para quienes crecimos en las décadas finales del siglo 20 no deja de ser curioso el recordar los temas clásicos del humor popular, el albur y la escatología de vodevil, cuando las fobias constituían el arsenal básico de la comicidad cinematográfica y televisiva.
Todavía hoy, los portales electrónicos que almacenan chistes para toda ocasión clasifican sus respectivos acervos en base a categorías decididamente fóbicas.
Chistes de negros, chinos, enanos y mujeres. Curiosamente, no hay alguna sección que se llame “de hombres”, aunque sí de homosexuales, de jorobados y (comprensiblemente) de políticos.
Habría que anotar el humor clasificado sobre gallegos, argentinos y cubanos como expresión diversa de xenofobia.
Difícil imaginar el humor mexicano sin todos esos vicios que hoy son etiquetados como abusos, reprobados en redes y sancionados por las leyes.
En esta misma medida, los grupos más conservadores han tenido que aprender a frenar su propensión al rechazo moral ante segmentos que hoy reclaman el derecho pleno al ejercicio de sus libertades públicas.

TROPEZONES
Queda para la historia aquel día de 1994 cuando el entonces candidato panista a la Presidencia de la República DIEGO FERNÁNDEZ se refirió (con simpatía, por cierto) a las mujeres de su partido como “el viejerío”.
Ciertamente, en el centro y sur del país la palabra “vieja” tiene una connotación bastante más ofensiva que en este norte tamaulipeco, donde se aplica en ambas direcciones (viejo y vieja) para referirse a la pareja sentimental, sin carga despectiva alguna.
La protesta contra el jefe DIEGO surgió, precisamente, en aquellas zonas geográficas donde el término resulta ofensivo para las damas, incluyendo la Ciudad de México.
No ha ocurrido, por cierto, que varón alguno se moleste porque una señora emplee el término complementario (mi viejo, tu viejo) al hablar de marido, novio o compañero amoroso.
De cualquier manera, el cuidado del lenguaje es hoy asunto de interés electoral, partidista, que matiza discursos y purga vocabularios en cámaras, pódiums, paneles, círculos de opinión, incluso en foros electrónicos.
El propio VICENTE FOX vivió algunos episodios de confrontación cuando dejó escapar comentarios relacionados con alguna de estas fobias.
La mujer como “lavadora de dos patas”, el trabajo de los braceros, tan rudo que “ni los negros lo quieren” o su consejo de evitar ser engañado “como un chino”.