viernes, 22 de agosto de 2014

Asientos de caballito



Cd. Victoria.- Siempre que escucho monologar contra la existencia de cargos plurinominales recuerdo algunos detalles significativos que acaso equilibren la diatriba para convertirla en reflexión.
El congreso tamaulipeco, por ejemplo, donde el PRI alcanzó en los primeros años de este siglo resultados de “carro completo”, habría sido ferozmente monopartidista de no existir la fórmula de representación proporcional.
La cuál opera en consideración al voto opositor que si bien no fue suficiente para ganar distritos, en el conteo general arrojó porcentajes importantes, merecedores de representatividad.
En la asamblea del Distrito Federal ocurre exactamente a la inversa. De no haber plurinominales, el PRI habría sido el gran ausente de las bancadas capitalinas dominadas largo tiempo por el PRD.

TRES RECIENTES
Pongo de ejemplo la actual sexta legislatura capitalina (2012-2015). Ninguna de sus 40 butacas de distrito fue para el PRI, ya que 34 quedaron bajo control del Sol Azteca, con tres del PT, dos del PAN y una del Movimiento Ciudadano (MC).
Si además recordamos que PRD, PT y MC formaron parte de una coalición que los identifica en una misma corriente de izquierda, resulta que 38 de las 40 sillas de mayoría estarían en manos del llamado Frente Progresista, contra dos solitarias bancas del PAN.
Desde luego, tal desproporción no se reflejó en los números finales porque al PAN le fueron sumadas 11 curules del tipo plurinominal, misma vía por la cuál el PRI se llevó 9, a pesar de no haber ganado distrito alguno.
Y si nos vamos a la anterior (la quinta, 2009-2012), la polarización fue todavía más acentuada pues el PRD ganó 29 de 40 y los otros 11 fueron para el PAN.
Igual, ningún otro partido habría tenido presencia en dicha cámara, lo cuál habría dejado fuera a los votantes del PRI, PT, MC y PVEM.
Retrocediendo a la cuarta (2006-2009) en la misma ciudad de México, tampoco hubo asientos de mayoría para el PRI.
En dicha elección, 34 lugares fueron para la aplanadora del PRD y los seis restantes se repartieron ente el PAN (cuatro), con uno para PT y otro para Convergencia (hoy MC).
En las tres legislaturas referidas, el PRI tuvo representación gracias a la fórmula plurinominal donde se reconoce la existencia de población votante que no alcanzó boleto por la vía distrital.
Precisamente, para no tirar el niño junto con el agua, sería necesario entender que lo malo no es la fórmula proporcional sino el alto número de asientos que se otorga a sus representantes.
Se antoja prudente, pues, la propuesta que hizo el actual presidente ENRIQUE PEÑA NIETO en sus días de campaña, consistente en reducir en 100 el número de diputados y en 32 el número de senadores pertenecientes a dicha fórmula.
Veremos si se extiende a los congresos estatales, DF incluido.

RECLAMO POPULAR
Menudean también aspectos odiosos que atañen a las legislaturas en su conjunto pero terminan reforzando el alegato contra quienes llegan por lista y no por voto.
Entre ellos, las prebendas económicas que gozan los representantes federales. Seguro médico privado, auto, computadora, asesores y ayudantías, así como un mar de viáticos gracias al cuál a menudo se exceden en el llamado turismo legislativo.
Por ejemplo, sus recurrentes misiones fuera del país o la elección de centros vacacionales como sitios para presuntamente deliberar asuntos relevantes de su agenda, a guisa de privacidad.
Aunque no siempre sea cierta, la caricatura está hecha y se repite de boca en boca. Trabajan poco, ganan muy bien, viatican de lo lindo, pelean pero no construyen y su paso por la butaca constituye una siesta perenne de tres o de seis años.
Por supuesto, hay casos así, aunque sería injusto señalar a todos pues ello equivaldría a menospreciar el trabajo efectivo que desempeñan las bancadas y gracias al cuál tenemos un justo y necesario equilibrio de poderes.
Ni todos son faltistas como el proverbial “Niño Verde” ni rijosos improductivos como el legendario señor NOROÑA.