lunes, 24 de abril de 2017

Privilegio perdido

Cd. Victoria, Tam.- Gane quien gane la elecci贸n del 2018, su principal desaf铆o en materia de seguridad ser谩 el recuperar de manera plena el monopolio de la violencia, cualidad central del Estado moderno.
Prerrogativa asumida por los gobiernos como respuesta al caos social y en reemplazo al ejercicio de la justicia por propia mano.
De ah铆 el complejo tinglado de instituciones y leyes, ministerios p煤blicos, jueces, magistrados y ministerios de justicia, corporaciones civiles y castrenses.
Se dice f谩cil pero dicho estatus se encuentra hoy en entredicho, tras el estallido criminal que empez贸 a gestarse en los a帽os noventa. Esto es algo ya comentado aqu铆.
La erupci贸n social escalar铆a luego en la primera d茅cada de este siglo para extenderse como llamarada en todo el territorio nacional a partir del 2010.
En la 茅poca de nuestros abuelos nadie dudaba que las instituciones tuvieran el control firme de la seguridad nacional.
Dicha fuerza permiti贸 a los gobiernos solventar con 茅xito las amenazas guerrilleras en el sur (las de verdad, no la pantomima de MARCOS).
Hasta finales del siglo 20, el narcotr谩fico oper贸 con exitosa discreci贸n, sin reclutar sicarios, atendido por una 茅lite de capos que operaron sobre l铆mites geogr谩ficos bien definidos.
Para cuidar a los jefes y custodiar el trasiego de drogas se bastaban y sobraban grupos peque帽os de pistoleros (expolic铆as, la mayor铆a) cuya prosperidad inyectaba recursos a la econom铆a legal sin amenazarla, ni da帽arla.
El acuerdo t谩cito, sordo, entre l铆neas, imit贸 al modelo americano donde el cuantioso negocio de los narc贸ticos opera desde la penumbra, sin afectar a la econom铆a formal.

EL DESGASTE
Tambi茅n he comentado antes en esta columna que este fue el modelo que sigui贸 M茅xico durante el siglo 20, mientras el estado postrevolucionario fue capaz de proporcionar los m铆nimos de bienestar social.
La crisis del modelo benefactor (LEA, JLP) y las purgas neoliberales (MMH, CSG, EZPL) impactar谩n tambi茅n al mundo de abajo, la delincuencia organizada.
La congelaci贸n del salario y la ca铆da dr谩stica en el poder adquisitivo de los trabajadores, habr谩n de catapultar a millares de j贸venes sin esperanza hacia la actividad ilegal.
Los mismos c谩rteles de la droga empiezan a ver con inquietud la irrupci贸n de esa delincuencia emergente representada por el narcotr谩fico hormiga y el pandillerismo horizontal.
La situaci贸n empeora cuando VICENTE FOX (de manera brutal, pagando acaso favores de campa帽a) permite la invasi贸n de territorios y la ruptura de fronteras que ten铆an medio siglo funcionando en relativa paz.
Los c谩rteles se ven obligados a contratar masivamente sicarios. Primero a soldados de 茅lite, despu茅s a miembros del bajo ej茅rcito y luego a muchedumbres de j贸venes marginados.

LA FRACTURA
Se rompe as铆 el privilegio de la fuerza que por a帽os hab铆a detentado el Estado mexicano, desde que la Revoluci贸n se baj贸 del caballo.
Con CALDER脫N no mejoraron las cosas. Su obsesi贸n por demostrar hombr铆a lo llevar谩 a profundizar la guerra en todas las trincheras.
Con 茅xitos sonados (en efecto) tras la treintena de capos detenidos o abatidos. Pero efectos desastrosos pues, ante la ausencia de jefes, las bandas se fraccionaron en centenares de pandillas tribales que tomaron por reh茅n a la poblaci贸n.
Milicias irregulares le disputan hoy al gobierno el control de regiones y comarcas, unas veces mediante la confrontaci贸n directa, en otras, volviendo c贸mplices a sus mandos.
El soci贸logo alem谩n MAX WEBER, a quien debemos el referido concepto del “monopolio de la violencia”, sol铆a mencionar a la Europa feudal como ejemplo del caos que era indispensable evitar. El de las guerras privadas.
Entre la pobreza extrema y la corrupci贸n oficial, de alguna manera estamos volviendo a eso. A la ley de la selva.