martes, 8 de diciembre de 2015

Voto dado y prestado

Cd. Victoria.- Para cualquier partido constituye una valiosa lección la experiencia electoral de este domingo en Venezuela, donde ocurrió lo que hasta hace poco parecía imposible: el voto masivo en favor de la oposición conservadora.
Todavía en años recientes, hasta la etapa final del fallecido comandante HUGO CHAVEZ, las marchas y plantones de la derecha venezolana se caracterizaban por mostrar más ruido que gente.
Su perfil básico, tanto de los seguidores de HENRIQUE CAPRILES como de LEOPOLDO LÓPEZ, era de clase alta, media alta y estratos sociales cercanos (sus empleados) que compensaban la falta de quórum con aparatosos desplazamientos vehiculares, banderolas y altavoces. Eso que los panistas mexicanos llaman “gallos”.
Pero el cáncer acabó con HUGO CHÁVEZ, de manera oficial un 5 de marzo de 2013 y ello vulneró la base social de ese gobierno.
Su relevo NICOLÁS MADURO mostró desde los primeros meses un perfil muy por debajo de las expectativas, frivolidad, rapacidad, incultura y una falta de imaginación política que pronto lo llevó a medidas de rudeza innecesaria.
Transición que coincide (para mal) con la caída del precio internacional del petróleo, principal fuente de ingresos de ese país, provocando serias dificultades económicas.
Ese ciclo perverso del que solía hablar el mexicano JOSÉ LOPEZ PORTILLO por experiencia directa: devaluación, inflación, fuga de capitales, mayor devaluación.
Amen de una escalada de violencia delictiva que hoy tiene a Venezuela en el primer lugar a escala continental en índices de criminalidad, asesinato y robo con violencia.

FUGAS Y MERMAS
El escenario político empezó a ser preocupante durante las jornadas de protesta del verano de 2013, cuando las imágenes captadas por helicópteros y drones de prensa mostraban marchas gigantescas llenando calles y bocacalles, fenómeno insólito entre las tradicionales fuerzas de derecha.
Por entonces subí algunos comentarios en redes sociales (Twitter, sobre todo) señalando que tales multitudes no podrían ser de CAPRILES ni de LOPEZ sino que eran contingentes chavistas, millares de ellos afectados por el deplorable manejo de la crisis observado en MADURO y su necio autoritarismo.
En los tres años que han pasado desde la muerte de CHÁVEZ, un sector importante de sus seguidores empezó a reclamarle a NICOLÁS su ineptitud para combatir los males mayores que flagelan a las clases medias: inseguridad, carestía, desabasto, inflación, desempleo.
A lo que se habrían de agregar señalamientos de nepotismo y corrupción que apuntan directamente a la familia de MADURO y de su esposa, la llamada “primera combatiente” CILIA FLORES.

APOYO CIRCUNSCRITO
Todo ello es importante para entender el voto mayoritario contra el partido del gobierno (Socialista Unificado de Venezuela, PSUV) que ahora se expresó con crudeza.
Se diría que esas dos quintas partes aún fieles a la oferta gubernamental representan el voto más firme y duro del PSUV. Quienes apuntalan lealmente a dicha fuerza electoral, en las buenas y en las malas.
En contraste, hubo otro sector popular que este domingo hizo grande a la bancada opositora otorgándole tres quintos del congreso. Aquellos simpatizantes de CHAVEZ que se fueron deslindando al paso de los años.
La característica de este segundo voto es que podríamos llamarlo “prestado”, pues el sufragante no regala su confianza del todo.
Tampoco se entrega de manera incondicional sino que otorga y supedita el apoyo a los buenos resultados que espera de ese gobierno.
Son las multitudes chavistas que este domingo le voltearon la cara al PSUV. Era un voto prestado, razonado, reflexivo, que MADURO no supo valorar ni escuchar hasta que le gritó en las urnas.