miércoles, 11 de julio de 2012

Peña Nieto y la seguridad


Cd. Victoria, Tam.- Todo indica que el virtual presidente electo ENRIQUE PEÑA NIETO dará continuidad a la guerra contra el crimen organizado, aunque con un orden de prioridades muy diferente.
Se recordará que tanto FELIPE CALDERÓN como su antecesor VICENTE FOX fincaron sus metas y logros en la consecución de golpes espectaculares contra las cúpulas criminales.
Perseguir a grandes capos les pareció la ruta más cercana para lograr el aplauso público o el reconocimiento internacional. El guiño de la DEA, la palmadita de Washington.
Se diría que ambos presidentes trabajaron para el impacto mediático, pensando antes que nada en mantener en alto sus niveles de aceptación ciudadana.
La mejor expresión de dicha estrategia son los promocionales del gobierno federal que se vanaglorian enumerando, con nombres y apellidos, a los personajes famosos del bajo mundo que han atrapado o liquidado.
Engañosa manera de medir la eficacia de las fuerzas de seguridad durante ambas administraciones panistas: por sus capturas rimbombantes.
Lo paradójico es que la gente vive hoy más insegura que nunca, ante un incremento explosivo de la actividad delincuencial que ni lejanamente amengua con los grandes “golpes” que de tiempo en tiempo festina CALDERÓN.
Tampoco parece que el trasiego de estupefacientes sufra merma alguna porque algún personaje de primer nivel caiga en manos de la PGR o sea abatido por los marinos.
O incluso puede ocurrir algo peor. De no haber un relevo escalafonario automático para reemplazar al cabecilla caído, se presenta un escenario todavía más grave, con escisiones y pugnas internas por el control del negocio. 
Si hemos de hablar de anomia, la ausencia de normas descrita por el sociólogo francés EMILE DURKHEIM, la primera instancia donde dicho fenómeno se manifestó fue hacia el interior de las organizaciones criminales que han sido descabezadas.
El principio de autoridad (que por igual existe en las empresas legales y en las ilegales) se ve vulnerado tras la caída de los ejecutivos mejor calificados.
En consecuencia, los cuadros medios y bajos se salen de control, siendo capaces de adoptar decisiones por su cuenta, de manera horizontal y muchas veces espontánea.
El fenómeno de la anomia ocurre básicamente en el bajo mundo, en buena medida provocado por una estrategia gubernamental obtusa.
Cuestión de observar sus resultados. El delito se disparó en todos los frentes, rebasando a las corporaciones policíacas tradicionales y afectando a todas las actividades económicas: el comercio, la industria, la actividad agropecuaria, el turismo y tantas más.
Parecería que FOX y CALDERÓN hubieran querido apagar el fuego con chorros de gasolina. La llamarada cundió por todo el territorio nacional.
Hay algo de soberbia y también de irresponsabilidad en los gobiernos que buscan el aplauso rápido mediante acciones de “relumbrón”, sin medir las consecuencias y sin asegurarse antes de estar preparados para afrontarlas.
Por eso, hoy que PEÑA NIETO nos habla de combatir preferentemente los delitos que más lesionan a la población (robo con violencia, homicidio, secuestro, extorsión) queda claro que fue en este aspecto donde fallaron los gobiernos albiazules.
De pronto a todos nos puede parece muy obvio que la prioridad es la seguridad de las familias, tras el baño de sangre sufrido por el país en la última década.
En efecto, la gente es lo primero y protegerla del bandidaje debió ser desde un principio la preocupación fundamental en la era de la alternancia que se suponía más democrática.
No fue así porque la medicina empleada resultó peor que la propia enfermedad, agravó sustantivamente el problema, lo escaló a dimensiones nunca antes vistas.
Desde luego, estamos muy lejos de proponer impunidad o negociación con los cuadros más altos del hampa.
Pero en orden de prioridades, lo urgente y lo importante es proteger a la población. Empezar por lo inmediato que es abatir los índices en los delitos que más afectan a la gente.