lunes, 13 de agosto de 2018

Control de daños


Cd. Victoria, Tam. La transición postelectoral entre partidos perdedores es y será noticia en los días y meses venideros. Destaca, sin duda, lo que ocurra con la primera fuerza opositora, el PAN.
Será en la institución albiazul donde se libre la batalla más intensa y aleccionadora, por el reclamo de cambio y la exigencia de renovación que sacude a bases y estructuras regionales, amén del papel que habrán de jugar sus gobernadores.
¿Quién tiene el control ahora?... Cabría al respecto un paralelismo entre el comportamiento del PRI durante las administraciones de FOX y CALDERÓN.
En el primer sexenio (2000-2006), el CEN tricolor quedó en manos de la burocracia partidista y por ello su dirigente máximo, ROBERTO MADRAZO, brincó cómodamente a la candidatura presidencial de 2006.
En el segundo (2006-2012) el PRI pasó a manos de sus gobernadores. Los mandatarios estatales se impusieron sobre el Comité Ejecutivo Nacional y les brincaron encima a los liderazgos legislativos. Por ello, el candidato presidencial en 2012 fue un gobernador, ENRIQUE PEÑA NIETO.
Con el PAN parece estar pasando lo mismo. El próximo diciembre inicia su segundo sexenio de penitencia, luego de haber sido partido en el poder entre 2001 y 2012.
Tras el fracaso de JOSEFINA VÁZQUEZ MOTA en 2012, Acción Nacional quedó como el PRI en 2001, en manos de burócratas profesionales, aparachicks.
Es por ello, que un joven desconocido, hábil operador de segundo nivel, logra trepar hasta el liderazgo para repetir la jugarreta de MADRAZO. Autonombrarse candidato.
De manera equivalente a lo ocurrido en el partido tricolor tras la derrota de MADRAZO, por igual ahora las jerarquías partidistas, los hombres del aparato, están siendo desplazados por quienes verdaderamente tienen peso (y recursos) para marcar la pauta e imponer su voluntad. Los gobernadores panistas.

MANDATARIOS A LA ALZA
El sexenio que empieza (2018-2024) será el de los jefes regionales en el partido blanquiazul, como lo fue en el priísmo entre 2006 y 2012.
Afloran las semejanzas. Jefes estatales desplazando a mandos centrales, tras la derrota vergonzante de MADRAZO (2006) y su imitador ANAYA (2018).
No es casual que, en junio pasado, dos días antes de la elección presidencial, siete gobernadores panistas acaudillados por el tamaulipeco CABEZA DE VACA, hayan alzado la voz y pintado su raya ante la inminente derrota de su candidato presidencial.
Echaron a andar desde ese día un mecanismo de diálogo con quien ya se perfilaba como ganador indiscutible, el actual presidente electo LÓPEZ OBRADOR. En fecha previa, ninguno de ellos había asistido al cierre de campaña de RICARDO ANAYA.
Y, bueno, tras la elección será necesario considerar ahora a los mandatarios electos de Yucatán, MAURICIO VILA; Puebla, MARTHA ÉRIKA ALONSO y Guanajuato, DIEGO SINHÚE.
Por ello, bajo un ambiente de abierta autocrítica (“catarsis”, le llaman los cronistas) los panistas de todo el país se reunieron este domingo para analizar resultados, ventilar quejas (muchas) y señalar directrices con miras a su inminente renovación.
Ambiente duro pero muy necesario que echamos de menos hace seis años, tras el fracaso de JOSEFINA VÁZQUEZ MOTA, cuando un tibio y esquivo GUSTAVO MADERO se negó a emprender el control de daños, declinando también el fincar responsabilidades hacia el presidente saliente FELIPE CALDERÓN, pero, sobre todo, ante la traición cínica y por demás culposa de VICENTE FOX.
Necesario es recordar que hace seis años, el panismo estaba dominado por su burocracia de partido, mientras que hoy, quienes le están tumbando la puerta a dicha cúpula son los gobernadores.

VIDA SATELITAL
Pendiente saber que derrotero adopte el PRD, cuya debilidad lo tiene al borde de la inanición, aunque su destino se simplificaría si sigue el ejemplo del MC y acepta el salvavidas de MORENA.
Lo cual, oiga usted, es menos difícil de lo que la gente se imagina, si recordamos la elasticidad ideológica de los CHUCHOS y también su notable habilidad para servir de comparsas en los últimos dos sexenios y en diversas etapas, a saber:
(1) Durante la segunda mitad del calderonismo, como socios menores del PAN en la lucha por las gubernaturas.
(2) En la primera mitad del gobierno peñista, como aliados del PRI y el PAN dentro del llamado “Pacto por México” que hizo posible la aprobación de las llamadas reformas estructurales.
(3) Y entre 2017 y 2018, nuevamente aliado del PAN (y el MC) en la fallida coalición “Por México al frente” que postuló a RICARDO ANAYA.
Con la mirada fija en el presupuesto, todo indica que el Sol Azteca se acogerá al perdón de su antiguo guía LÓPEZ OBRADOR, hoy que la aplanadora de MORENA necesita el apoyo de los partidos satélites para alcanzar (como ya he comentado antes) la mayoría constitucional.
Por ello tiene mucha miga el exhorto que este sábado lanzó el polémico “señor de las ligas”, RENÉ BEJARANO cuando aconsejó al PRD y MC que unifiquen fuerzas en apoyo a MORENA.
Asunto difícil, si observamos el encanto monetario de los minipartidos donde sus jefes, precisamente, negocian como jefes ante quien tengan que negociar: municipios, gobiernos estatales, el Ejecutivo federal y el legislativo nacional. Ventaja que verían mermada si se unen.
Cabe dudar entonces que las cúpulas de MC y PRD quieran acceder a una fusión orgánica. En todo caso, resulta más fácil para ambas dirigencias conformar algún frente legislativo que los integre como bancada y los convierta en un interlocutor más sólido ante MORENA.