jueves, 30 de agosto de 2018

Branding tricolor


Cd. Victoria, Tam. De alto riesgo para el Partido Revolucionario Institucional si aborda hoy el necesario control de daños bajo la perspectiva de un simple cambio de imagen.
De no haber un proyecto de refundación efectiva, profunda, estructural, podría ocurrir que pinten la fachada, coloreen las ruinas, tiñan los escombros, sin reconstruir el edificio.
Resulta ocioso, superficial y hasta ofensivo para la inteligencia del votante el que especulen ahora con cambios en el empaque sin revisar antes el contenido.
Que den rienda suelta a la tarea ideática de repensar la apariencia, sin reconsiderar la calidad del producto, suponiendo que, por arte de magia, la eficacia electoral volverá por la vía del remozamiento externo.
Ciertamente el PRI (nombre, siglas, logo) es una marca antigua. La creencia de aceptación general indica que el instituto político emanado de la lucha revolucionaria nació en 1929 con el general PLUTARCO ELÍAS CALLES (Partido Nacional Revolucionario, PNR).
Sufriría luego su primer correctivo a la muy temprana edad de 9 años, cuando el general LÁZARO CÁRDENAS DEL RÍO lo rebautiza como Partido de la Revolución Mexicana (PRM) en 1938.
Alcanzando su identidad definitiva 8 años después, en 1946 (el actual PRI) bajo el general MANUEL ÁVILA CAMACHO, mediante un ajuste pensado para acompañar al recién destapado candidato a la presidencia (licenciado) MIGUEL ALEMÁN VALDEZ.
Abogado veracruzano llamado entonces “cachorro de la Revolución”, cuya llegada al poder suele identificarse como la despedida de los gobernantes militares.
El partido de los generales (CARLOS MONSIVÁIS, dixit) se habría de convertir (but of course!) en el partido de los licenciados.
Por eso VICENTE FOX presumía en 2 mil de haber terminado con un régimen de 71 años, de CALLES a ERNESTO ZEDILLO.
Misma razón por la que el gobernador CABEZA DE VACA identificó su triunfo como el fin de una larga etapa histórica que, en el caso de Tamaulipas, se alargó durante 87 años (1929-2016).

¿COSMETOLOGÍA?
El error central (convertido hoy en discusión nacional) es que la estrepitosa derrota del PRI en julio pasado, los lleve a repensar su imagen en términos tan elementales de marketing.
Lo vimos venir durante la campaña de PEPE TOÑO MEADE, de quien sus admiradores más fieles decían que era buen candidato con un grave problema “de marca”.
Y que realizar una campaña ganadora bajo el logotipo del PRI era tanto como pedirle al PÍPILA la medalla de oro en cien metros con obstáculos.
Abundaban, incluso, las caricaturas donde pintaban a MEADE con el tobillo encadenado a una pesada bola de hierro identificada con esas siglas.
Aunque el problema es más viejo de lo que se piensa. Le tocó afrontarlo sucesivamente a SALINAS en 1988, ZEDILLO en 1994 y al propio PEÑA NIETO en 2012, cuyos asesores de campaña trataban siempre de hacer énfasis en la proyección del candidato, relegando las referencias al partido.
Tampoco es la primera vez que se hable de dar a dicha institución una manita de imagen. En los años de LUIS ECHEVERRÍA y JOSÉ LÓPEZ PORTILLO se llegó a plantear la idea de renombrar al partido con términos más afines a la socialdemocracia internacional.
Después CARLOS SALINAS permitió que su dirigente nacional en turno, el zacatecano GENARO BORREGO, filtrara a los medios la idea de un remozamiento en torno al concepto de la Solidaridad o, incluso, del liberalismo social.
Aunque nunca será lo mismo acariciar estas ideas desde la comodidad del poder que emprenderlo luego de un naufragio, en pleno control de daños, como ahora.
Por eso resulta ingrato que la jefa actual, CLAUDIA RUIZ MASSIEU, se vea rodeada de pronto por ideas presuntamente renovadoras que no plantean revisar doctrina ni principios ideológicos, ni democratizar sus procesos internos, pues todo lo ven en términos de mercadotecnia.
Como si vendieran detergentes, refrescos o papas fritas, hablan de reposicionamiento, de reinventar el “branding”, disertan sobre estrategias de identidad corporativa, lealtad y arquitectura de marca, elementos visuales, tipografía, colores, símbolos.
De ello a cambiarle de nombre, la distancia es muy corta, aunque el fracaso (por igual) se antoja harto predecible.
Si el edificio está fracturado y afloran grietas profundas, lo que necesitan es ingeniería mayor, apuntalar de manera urgente su estructura. De nada sirven, pues, medidas cosméticas que solamente ocultan el daño con listones de colores y una ligera capa de enjarre.

MALOS HÁBITOS
Sería injusto adelantar vísperas, pero la impresión (hasta hoy) es que CLAUDIA tiene la misma visión chata de su tío materno.
La dirigencia al servicio de intereses personales y de grupo, sin pensar mucho en aquello que mejor convenga al partido en el mediano y largo plazos.
En cuanto a la edad de este organismo (cumplirá 90 el próximo año) no debe representar problema alguno y, de hecho, se ha magnificado, en buena medida por ignorancia, cuando se usan palabras como “octogenario” para descalificarlo.
Por citar algunos ejemplos, en el vecino país del norte, el Partido Republicano data de 1854 y el Demócrata de 1828. Más ejemplos, el Partido Comunista Francés nació en 1920 y el Socialista Obrero Español opera desde 1879.
El más famoso adversario del PRI mexicano, el Partido Acción Nacional, fue fundado por hombres como MANUEL GÓMEZ MORÍN y EFRAÍN GONZÁLEZ LUNA en 1939.
No es la edad (pues) lo que tiene postrado al PRI hoy en día. Son sus vicios, sus malas prácticas, el nulo poder que concede a sus bases y la verticalidad implacable del mando que impone por dedazo, dirigencias y candidaturas.
Lo interesante es que los priístas conocen desde hace tiempo la medicina. Solo que le tienen pavor, por alguna razón les produce alergia, ataques de pánico, les estraga la garganta, provocando mareos, vértigo, desvanecimientos. Se llama democracia.