Cd. Victoria, Tam.- Los políticos hacen campaña en poesía y gobiernan en prosa. No me consta que haya sido el exgobernador de Nueva York MARIO CUOMO el autor de esta máxima, pero sí quien la hizo famosa.
Acaso para los estudiantes de comunicación política resulte interesante este ejercicio.
Reunir los tres últimos discursos previos a la elección de un candidato a gobernador, alcalde o presidente (caben también sus declaraciones) y los tres posteriores a la misma, en especial cuando ya han recibido su constancia de mayoría y son declarados mandatarios electos.
La diferencia es sustantiva, a ratos abismal. Antes de la votación todo es lirismo y ensoñación poética, convocatorias sin límite a la esperanza donde prácticamente nada es imposible.
Después de la elección, en cambio, dejan caer sin piedad el pesado telón de la cautela y sus parientas ñoñas: la moderación y la reserva. Aparecen los canijos “asegunes” y las promesas encuentran sus condicionantes.
La transformación ocurre en cosa de días, incluso de horas. La poesía deviene en prosa aburrida y envuelta en tecnicismos.
Ya con el triunfo en la bolsa se invoca a una suerte de realismo que por momentos raya en la incompetencia. Los kilos de promesas empiezan a pesar 800, 600 y hasta 400 gramos.
El “no se puede”, el “vamos a ver”, el “tenemos que estudiarlo a fondo” y especies similares toman el control del discurso.
Y tal contraste podría compararse con el que observaría un seductor falaz.
En etapa de conquista, antes de lograr su cometido, el cielo es el límite, la luna un objetivo alcanzable y las estrellas regalo cotidiano.
Ello, aunque una vez alcanzado el propósito ocurra que el cielo, la luna y las estrellas se convierten en meras abstracciones sin valor en el mercado.
Entonces solemos escuchar reclamos lastimeros como…
-“Oye, pero me dijiste que…”
-“¿No habíamos quedado en…?”
-¿Y que pasó con…?
-¿Y cómo le vamos a hacer para…?”
No hay, ciertamente, una PROFECO amorosa ni una PROFECO electoral que hagan valer las promesas del seductor en ambos terrenos: el mercadotecnista político o el engatusador privado.
Las ofertas de amor y dulzura eterna son como las de desarrollo económico, paz social, pleno empleo y mejor salario.
Ello, a menos que la parte engañada se pertreche de antemano (es decir: “antes de”) haciendo suya la más sana de las desconfianzas para elegir y decidir con los ojos abiertos, asumiendo riesgos y en conciencia plena de que toda oferta es humana y está sujeta a modificaciones posteriores.
Los defensores del consumidor suelen aconsejar al comprador de un bien o servicio que se tome la molestia de leer las letras menudas.
No les falta razón porque es en las letras menudas (y no en las frases publicitarias) donde el producto se muestra tal cuál es y donde aparecen sus límites, los términos de uso y las restricciones de la garantía.
Desde luego, los anuncios dicen otra cosa. Y las sugerentes imágenes que los acompañan suelen ir más lejos, igual que las promesas de campaña.
Pero la publicidad es como la propaganda, idilio temporal, fascinación al servicio de un propósito no siempre noble.
Entre el candidato inmerso en la ronda de la seducción y el señor que ya carga en sus bolsillos la constancia del triunfo el cambio es colosal.
Por ello el elector haría bien en exigir la máxima concreción posible a quien le pide el voto.
¿Me ofreces mayor seguridad?... Exprésamelo en índices y dime a cuanto piensas bajar la estadística de criminalidad durante tu mandato, año por año.
¿Trabajo para todos?... Dime cuántos empleos nuevos por año y de qué manera piensas lograrlo.
Y así, en cada rubro, campo o renglón de eso que llaman políticas públicas.
Piénsese a cualquier nivel, en los señores OBAMA, CALDERÓN o HERNANDEZ. ¿Recuerdan ustedes sus promesas de campaña?
Utopías hermosas, empalagosas, plagadas de metáforas que hablaban (como dijera LUIS EDUARDO AUTE) “de futuros fraternales, solidarios.”
Y obsérvese entonces que ocurrió después…
Cd. Victoria, Tam.- Oficialmente habrá dos debates entre candidatos presidenciales, autorizados y organizados por el IFE.
El primero será el 6 de mayo en el World Trade Center de la Ciudad de México. El segundo está apenas en proyecto, aunque se maneje como fecha tentativa el 10 de junio.
El problema es que ese día suele atraer todavía algunos reclamos al PRI por una matanza estudiantil que ocurrió hace cuatro décadas, en 1971, cuando un grupo paramilitar identificado como los “halcones” perpetró la masacre del jueves de corpus en el centro de la capital mexicana.
De cualquier manera serán dos los encuentros entre los cuatro abanderados a la primera magistratura del país.
Ello, pese a que el señor LÓPEZ OBRADOR lanzó desde el arranque una propuesta sin duda caprichosa y difícil de complacer: cambiar el tiempo de los spots por una colección de doce debates.
Diferencia, desde luego, abismal, con aquel AMLO del 2006 que sintiéndose ganado, se daba el lujo de hacerle el “fuchi” a los diálogos televisivos, accediendo a participar solamente en uno.
En ese tiempo ANDRES MANUEL manifestaba tal desprecio hacia sus dos rivales (CALDERON y MADRAZO) que displicentemente aceptaba discutir con el adversario que tuviese más puntos.
Hoy el candidato de las izquierdas reclama doce encuentros (y si se puede más) aunque tal hambruna mediática no haya encontrado eco en sus adversarios ni en la autoridad electoral, entre otras razones porque suena tan oportunista como su “república amorosa”.
Por su parte, la señora VAZQUEZ MOTA parece comportarse como LOPEZ OBRADOR hace seis años, al proponer un debate que solamente incluya a los dos candidatos punteros en las encuestas.
Así lo dijo en entrevista con MILENIO-TV, dando por un hecho que ella estaría entre esa dupla de aspirantes mejor rankeados por las casas encuestadoras.
Pero (¡Oh sorpresa!) la noticia mala para doña JOSEFINA es que la más reciente encuesta de GEA-ISA la ubica ya en empate técnico con AMLO.
Esto es, a dos puntos de distancia (23.9 contra 21.99) cantidad inferior al margen de error que aceptan dichos muestreos (mas-menos tres).
Por ello ayer martes las redes sociales estuvieron plagadas de comentarios triunfalistas colocados por los simpatizantes de AMLO que ya dan por un hecho su ubicación en el segundo sitio.
En el mismo tenor son las declaraciones del máximo dirigente priísta PEDRO JOAQUÍN COLDWELL quien, en tono de sarcasmo, respondió a VAZQUEZ MOTA diciendo que si su voluntad es que los dos punteros concurran, pues entonces verá el debate desde su casa, porque AMLO ya la rebasó.
Desde luego, ni la dama panista ni su recargado tropel de asesores previeron que la peregrina propuesta de los “dos punteros” representa un arma de doble filo en contiendas como la actual, donde el segundo y el tercer lugares marchan tan cercanos.
Peor todavía, la oportunidad es verdaderamente de oro para que sus dos adversarios principales le tomen la palabra y la excluyan del segundo debate que tendría lugar en junio.
Cuestión de imaginar que pasaría si la tendencia alcista en las simpatías por AMLO se confirma y logra afianzarse efectivamente en el segundo lugar.
Las palabras de JOSEFINA están grabadas, no se puede echar para atrás. Ella pidió literalmente un debate entre los dos candidatos que encabecen los sondeos.
¿Qué ocurriría si sus oponentes aceptan dicha oferta y negocian un programa entre dos, excluyéndola a ella, basados en las encuestas de mayo o junio?
Nada tendría que objetar. Se quedaría sin argumentos frente a una idea que ella misma lanzó.
De nuevo volvemos a la ausencia de prospectiva que hoy priva en el cuarto de guerra panista.
Parafraseando a OCTAVIO PAZ, la campaña albiazul no parece fundarse en ideas sino en ocurrencias.
Su agenda está marcada por una lluvia de mociones pergeñada por novicios que además pelean rabiosamente para defender sus cinco centímetros de influencia.
Peor que lluvia: tormenta de subjetividades.
Cd. Victoria, Tam.- Contrariada porque sus números no levantan, la candidata panista JOSEFINA VAZQUEZ MOTA reunió a sus colaboradores, llamó a los medios y anunció un conjunto de medidas que presuntamente le permitirán asumir de manera franca el control de su campaña.
A todo esto le llamó, palabra por palabra, con voz y aliento al micrófono, de manera explícita y sonora: “un golpe de timón”.
Mi primera observación es casi de PEROGRULLO. La diferencia entre un golpe de timón y cualquier otro golpe es que quien lo perpetra ostenta el mando (el timón, el volante, la rienda) así sea de manera formal.
¿A quien va dirigido un golpe dispuesto desde la cúpula?
A los subordinados inmediatos que se han salido de control o no rinden lo que se esperaba de ellos.
Y también a entidades contiguas (el partido, por ejemplo) cuyos resultados están en entredicho, incluyendo aliados y compañeros de ruta.
El caso más socorrido ocurre en los regímenes parlamentarios cuando un jefe de estado aquejado por la falta de gobernabilidad decide disolver su gabinete y se avoca a la tarea de formar uno parcial o totalmente nuevo.
En las democracias maduras suele ser la prensa la que denomina a esta clase de decisiones como “golpes de timón”. Quien los ejecuta se abstiene de calificarlas.
No ocurrió así con JOSEFINA. Novicia al fin, innecesariamente hace explícito un concepto y una práctica que normalmente pertenecen al reino de los valores entendidos.
Ofrece con ello el curioso espectáculo de una candidatura entrampada que innecesariamente exhibe males y debilidades de cara al electorado, mientras sus adversarios manejan sus respectivas agendas sin mostrar fisuras, aunque las haya.
Igual de lamentables son las amenazas contenidas en su discurso contra los colaboradores que no cumplan (“no toleraré ningún error”) o cuando confiesa que existen diferencias con la cúpula panista al informar que: “le he exigido al partido que dejemos atrás los conflictos internos y que de una vez por todas nos pongamos a trabajar juntos por la victoria.”
Acaso la dama olvide el aforismo doméstico de que “la ropa sucia se lava en casa”, al hacer públicas sus broncas y deficiencias.
Cualquiera diría que tales regaños o recriminaciones pertenecen al estricto ámbito de lo privado. Para eso existe el cuarto de guerra.
La sustancia de todo esto es que la candidata demuestra no tener el control de su gente, lo cuál envía un mensaje de vulnerabilidad a la ciudadanía: ¿Si no manda entre los suyos, podrá mandar al país?
Y todo ello, mire usted, pese a que tuvo tiempo de sobra para estructurar un equipo sólido, desde aquel domingo 5 de febrero cuando ganó la candidatura, incluyendo el largo periodo de silencio conocido como veda electoral.
Cabría pensar que tanto PEÑA NIETO como LOPEZ OBRADOR han tenido que dar sermones así a sus más cercanos colaboradores, emprendiendo incluso reestructuraciones en sus filas. La diferencia es que, por lógica elemental, jamás lo hacen público.
Otra paradoja lamentable es que JOSEFINA presuma sus refuerzos, incorporando a figuras que traen muy marcado el sello de perdedores, como ERNESTO CORDERO, SANTIAGO CREEL y COCOA CALDERÓN.
Igual de penoso es ver en los primeros planos al ex-director del Seguro Social JUAN MOLINAR HORCASITAS, cuya figura arrastra hoy en día la marca indeleble de la tragedia ocurrida en la guardería del IMSS.
Desde luego, ningún candidato está exento de necesitar, en algún momento, la asistencia de colaboradores indeseables o con mala fama pública.
Se vale hacerlo, aunque lo aconsejable es que tales personajes presten su ayuda de manera discreta, lo más lejos posible de los reflectores.
Que VAZQUEZ MOTA no lo entienda así es (perdón la insistencia) una nueva demostración de candidez, ingenuidad, novatez.
Golpe fallido, con más aire que sustancia, el desplante de la candidata en todo caso se antojaría como un chirriante "golpe de trombón", estentóreo, desafinado y absolutamente fuera de tiempo.
Cd. Victoria, Tam.- Algo trillada resulta la conseja de que un buen mercadotecnista debe ser capaz de vendernos hasta lotes en la luna.
Cada cuál podrá entender este punto a su manera, como un excitante desafío profesional o una diabólica apología de la mentira.
En su defensa, los magos del marketing insisten en citar proezas no se si encomiables o lamentables como el haber logrado venderle al electorado norteamericano a un actorcete ignorante y ramplón como RONALD REAGAN, quien pese a yerros imperdonables conservó hasta el último día un alto índice de popularidad.
Es la misma ciencia de la ilusión que en el año 2000 fue capaz de persuadir a 15 millones de mexicanos de que VICENTE FOX podría representar algo parecido a un cambio y no el desastre que padecimos después.
Contra lo que se pudiera pensar, la propaganda no es una aplicación política de la publicidad. Todo lo contrario, la publicidad nace como un uso comercial de la propaganda.
La propaganda fue anterior y esto lo saben los maestros de publicidad que aconsejan a sus alumnos hurgar en las técnicas empleadas por JOSEPH GOEBBELS para conseguir que millones de alemanes adorasen como un Dios a un psicópata genocida como HITLER.
El recurrente problema para los estudiosos de la materia es por que razón se van a pique campañas que cuentan con toda esa maquinaria infernal de trucos mediáticos.
La cuestión me remite al inolvidable film intitulado en inglés “Power” (1986), del norteamericano SIDNEY LUMET, director, entre otras propuestas cinematográficas, de “Serpico” (1973) y “Tarde de Perros” (1975).
“Power” es un sincero atisbo al mundillo de las agencias de imagen, en donde los escrúpulos no existen y todos los medios están justificados para alcanzar el propósito central que es el éxito.
Así lo dice la película desde sus anuncios, cuando describe al poder como algo “más seductor que el sexo, más adictivo que cualquier droga, más precioso que el oro”, algo que “alguien te lo puede conseguir por un precio”.
El joven mercadólogo PETE ST. JOHN (interpretado por RICHARD GERE) opera con criterio de ilusionista en un negocio donde lo que menos importa es la verdad sino el manejo eficaz de las apariencias.
Por ello hace lucir como un experto jinete a un candidato que odia a los caballos o bien finge un falso atentado contra un aspirante de bajo perfil para que su nueva imagen de víctima le permita repuntar en las encuestas.
Sin embargo, la historia finalmente recala en la duda expresada líneas arriba: ¿Qué ocurre cuando pese a todo este aparato manipulador, inescrupuloso y caro las candidaturas no cuajan y las campañas no repuntan?
Aquí aparece un segundo personaje, el veterano experto en imagen WILFRED BUCKLEY (encarnado por GENE HACKMAN) quien se encargará de hacerle ver a su antiguo alumno ST. JOHN que en algunas ocasiones y bajo ciertas circunstancias la mentira falla.
Así llegamos a la moraleja de la historia, cuando la clave del triunfo no radica en los efectos visuales ni en las frases rimbombantes sino en la autenticidad de la propuesta.
Desde luego, es película. Aunque mucho de lo que dice resulta aplicable a las campañas que por estos días cobran forma en todo el país.
Y esto nos lleva al proyecto que mayormente ocupa hoy la atención de los medios por su ineficacia flagrante, el de JOSEFINA VAZQUEZ MOTA, candidata del partido en el poder.
Para nadie es un secreto que su campaña atraviesa por una severa crisis pues no logra remontar los 15 puntos que (en promedio) le lleva por delantera el priísta ENRIQUE PEÑA NIETO.
La sonrisa de JOSEFINA luce tensa, angustiosa, malograda, equívoca. De manera por demás precoz la vemos enmendando entuertos, haciendo tareas de control de daños, minimizando deslices, negando errores y emprendiendo una urgente reestructuración de su equipo.
Y, bueno, si el camino de PETE ST. JOHN parece estar fallándole a la panista, le queda aún experimentar el de WILFRED BUCKLEY.
El problema es que no le queda mucho tiempo.
Cd. Victoria, Tam.- Mal empezó abril para el abogado colimense MIGUEL DE LA MADRID. El día primero murió.
Con 77 años cumplidos, padecía de enfisema pulmonar. Había nacido en 1934, el mismo año que CUAUHTEMOC CÁRDENAS.
Fue DE LA MADRID el último abogado priísta que gobernó el país, la profesión más común entre los presidentes del México postrevolucionario como los señores LOPEZ PORTILLO, ECHEVERRÍA, DIAZ ORDAZ, LÓPEZ MATEOS, ALEMÁN y PORTES GIL.
Hombre correcto pero de notoria tibieza, MIGUEL heredó una economía nacional en estado catatónico, tras el naufragio del sexenio lopezportillista que culminó inmerso en una perversa espiral inflacionaria, entre devaluaciones en cadena, fuga de capitales y una caída brutal del poder adquisitivo.
Contemporáneo de MMH en la UNAM, PORFIRIO MUÑOZ LEDO solía interpretar el ascenso del lamadridismo como un “golpe de timón” orquestado por las élites financieras para desviar el curso de la Revolución Mexicana.
Diagnóstico rimbombante pero de escaso sustento, pues cualquiera que hurgue en las entretelas de la puja sucesoria de 1981 sabrá que DE LA MADRID había llegado por descarte a la nominación, como amigo cercano de la familia LOPEZ PORTILLO y tras un desempeño perruno en la estratégica cartera de SPP.
Su sexenio estuvo marcado por augurios fatales desde los meses previos a su asunción, cuando LOPEZ PORTILLO nacionaliza la banca, heredándole con ello una deuda interna brutal, no menos gravosa que el endeudamiento externo.
Sus dos consignas de campaña que luego fueron de gobierno se quedaron en el mero enunciado, en el discurso.
El “nacionalismo revolucionario” pareció desde un principio carente de contenido o acciones prácticas, más allá del desplante oratorio.
Y la “renovación moral” tampoco avanzó más allá de meter a la cárcel a enemigos políticos como el exdirector de Pemex JORGE DÍAZ SERRANO y el exjefe de la policía capitalina ARTURO DURAZO.
Católico confeso de quien se presumían vínculos jamás probados con el Opus Dei, bajo su administración ocurre el devastador terremoto de 1985, ante el cuál permaneció impávido (asustado, según la versión popular) las primeras horas y los primeros días, mientras la gente se organizaba con medios propios, con la ausencia flagrante del gobierno.
De MIGUEL viene la frase temerosa que urgía a realizar el mayor esfuerzo posible para que el país no se le deshiciera entre las manos. Profecía, acaso, autocumplida.
Durante su régimen ocurrió el crimen artero del periodista MANUEL BUENDÍA (30 de mayo de 1984) del que no supo responder y ni siquiera aclarar.
Le tocó lidiar con el reaganismo y con un embajador metiche y virulento como fue el exactor de origen mexicano JOHN GAVIN, macartista de pura cepa que supo poner en aprietos a la cancillería mexicana con su enfoque tremendista de los asuntos bilaterales.
Se diría que el régimen lamadridista fue de transición, entre el priísmo clásico y el gerencial, tecnocrático y postmoderno.
DE LA MADRID fue de muchas maneras un presidente “sándwich”, el último de los abogados en la silla tricolor y el primero de los tecnócratas que encaminaron al país rumbo a un modelo neoliberal.
Sus dos sucesores inmediatos fueron economistas, CARLOS SALINAS y ERNESTO ZEDILLO. Estos se encargarían de llevar hasta las últimas consecuencias el sueño privatizador de MMH.
El mal fario que acompañó siempre a DE LA MADRID me recuerda un poco al de CALDERÓN.
Infortunios no siempre bajo control parecen haber sacudido a ambos regimenes sin encontrar en los mandatarios la respuesta adecuada.
Por ello resulta significativo ese homenaje francamente atípico que CALDERÓN le rindió a DE LA MADRID en Palacio Nacional, con la presencia inusual de CARLOS SALINAS.
Esos discretos vasos comunicantes que unen al calderonismo con el lamadridismo ofrecen señales de convergencias ocultas que van más allá de los esquemas partidistas, para situarse en el terreno de los intereses reales.
Sirva esto para explicar lo que viene.