Cd. Victoria,
Tam.- No existe un m茅todo
infalible que deje satisfechos a todos los contendientes (o, al menos, a los
principales) durante los procesos internos efectuados por los partidos para
seleccionar candidaturas.
Tiro por viaje, siempre hay gente inconforme. De un a帽o a otro, la diferencia descansa en el tama帽o del reclamo, la jerarqu铆a de los quejosos, la fuerza de sus argumentos y la capacidad que tengan los encargados del proceso para actuar con la inteligencia necesaria y capacidad negociadora.
Queda claro que elegir implica excluir. Alguien gana, otros se quedan en el camino, a menudo dando curso a su frustraci贸n y en la din谩mica del reclamo, la protesta y (peor) la descalificaci贸n del procedimiento. A veces con raz贸n, no siempre.
El tema se torna muchas veces inmanejable cuando en etapa temprana, los aspirantes empiezan a sumar apoyos, recursos, socios, simpatizantes que le ponen quintos a la charola.
De aqu铆 el fen贸meno que vimos a finales de la era pri铆sta. Que equipos perdedores, formados, aceitados, con estructura y bolsa, en lugar de disciplinarse, se cambien de trinchera.
Y como nunca falta un roto para un descocido, siempre habr谩 membretes listos a capturar inconformidades. La era de la alternancia se dibuj贸 as铆 en los municipios de Tamaulipas, durante las 煤ltimas d茅cadas del siglo 20.
MADRUGUETE Y
CICATRIZ
As铆 naci贸 la necesidad que gobernadores y dirigentes encontraron de agarrarle tiempo al tiempo. Esto es, adelantar lo m谩s posible la definici贸n de las candidaturas, para provocar en etapa precoz el efecto “cargada”, buscando con esto desanimar a los dem谩s aspirantes.
Lo cual se complementaba con la llamada operaci贸n cicatriz, consistente en buscar de inmediato a los principales perdedores para compensarlos con alg煤n cargo (Oficina Fiscal, Comapa, dirigencia local del partido, otras) am茅n de posiciones en el ayuntamiento entrante.
Ello, en conciencia de que la “disciplina partidista” es poco efectiva cuando los intereses en juego rebasan cierto umbral. Tampoco sirve de mucho la fidelidad a principios o doctrinas. Para la l贸gica cruda del poder, cualquier membrete resulta un desfogue 煤til.
Adelantarse a los hechos y madrugarle a los ambiciosos permit铆a posicionar al candidato antes de que similar ambici贸n cundiera en otros grupos. Buscando siempre cooptar inconformidades mayores.
No era un sistema perfecto, pero permiti贸 al partido tricolor seguir logrando carros completos en etapa tard铆a, cuando ya reinaba la primera alternancia nacional, bajo FOX y CALDER脫N.
TORMENTAS
PREVISIBLES
Tampoco es nueva, pues, la pataleta registrada en Reynosa y Matamoros, que hoy sacude a MORENA como partido oficial todav铆a biso帽o, que no logra todav铆a administrar sus tiempos con la eficacia debida.
Le pesa la novatez de la dirigencia estatal YURIRIA ITURBE. Y la impericia de esas otras manos que en los viejos tiempos del PRI sol铆an prestar asistencia desde el gabinete pol铆tico estatal.
Les toc贸 capotear reyertas similares a dirigentes del partido gobernante como ERNESTO GUAJARDO, ANTONIO MART脥NEZ TORRES, OSCAR LUEBBERT, ELISEO CASTILLO, OMAR ZAMORANO, CHUY VEGA y tantos m谩s.
El berrinche, pues, tiene antecedentes en la memoria period铆stica. Aunque son tormentas que, por tener lugar en el calendario, ser铆an en buena medida evitables mediante la planificaci贸n debida y la acci贸n oportuna.
Dice el diccionario de la Real Academia Espa帽ola que berrinche es “rabieta o enojo grande”, proviene de berraco (verraco) y hace alusi贸n al relincho de un equino o el gru帽ido de un cerdo.
Estallido emocional, reacci贸n fren茅tica cuando alguien ve frustrado un deseo. Desde luego, en los ni帽os resulta repentino. No as铆 en la competencia pol铆tica entre adultos, que tiene calendarios precisos y etapas previstas.
TOPE BORREGO
La nota de estos d铆as abunda en perturbaciones as铆, que en Matamoros tienen por principal protagonista al alcalde saliente MARIO L脫PEZ HERN脕NDEZ, apodado (por sus caireles) “La Borrega”.
Ha gobernado dos veces consecutivas, de 2018 a la fecha. Al menos por eso ser谩 recordado en a帽os venideros, siendo el primer alcalde reelecto en la historia de dicho municipio.
Sorprendi贸 (para mal) su pataleta contra el proceso de selecci贸n que culmin贸 en la nominaci贸n para la alcald铆a del diputado local con licencia ALBERTO GRANADOS FAVILA.
Las cr贸nicas hablan de un MARIO L脫PEZ enfurecido, repartiendo insultos a diestra y siniestra, pese a que fue premiado con una candidatura a diputado federal por el PVEM.
Con vocabulario tan florido como amenazador, “La Borrega” se dio de topes con la realidad, lanzando al aire un exabrupto rudo, del cual ser铆a 煤til que tomen nota en Palacio Nacional, cuando dijo:
-“Y el cabr贸n o la cabrona que venga a manipularlos y a ordenarles que nom谩s voten por MORENA, que chingue a su madre, as铆 de sencillo.”
Distinta es la trifulca paralela que se vive en Reynosa. Desde un principio era claro que el alcalde CARLOS PE脩A buscar铆a su reelecci贸n, al igual que su colega CARMEN LILIA CANTUROSAS en Nuevo Laredo.
No hab铆a lugar a la sorpresa. Con clara l贸gica, la tambi茅n diputada local con licencia MAGALY DEANDAR ROBINSON hace un v谩lido reclamo como participante del proceso selectivo.
Bronca, sin duda, muy diferente a la machincuepa de L脫PEZ HERN脕NDEZ en Matamoros, cuyos insultos parecen apuntar tan alto, que vaticinan desde ahora un efecto bumerang. Que regresen en tiempo y forma para estallarle en pleno rostro.
Tiro por viaje, siempre hay gente inconforme. De un a帽o a otro, la diferencia descansa en el tama帽o del reclamo, la jerarqu铆a de los quejosos, la fuerza de sus argumentos y la capacidad que tengan los encargados del proceso para actuar con la inteligencia necesaria y capacidad negociadora.
Queda claro que elegir implica excluir. Alguien gana, otros se quedan en el camino, a menudo dando curso a su frustraci贸n y en la din谩mica del reclamo, la protesta y (peor) la descalificaci贸n del procedimiento. A veces con raz贸n, no siempre.
El tema se torna muchas veces inmanejable cuando en etapa temprana, los aspirantes empiezan a sumar apoyos, recursos, socios, simpatizantes que le ponen quintos a la charola.
De aqu铆 el fen贸meno que vimos a finales de la era pri铆sta. Que equipos perdedores, formados, aceitados, con estructura y bolsa, en lugar de disciplinarse, se cambien de trinchera.
Y como nunca falta un roto para un descocido, siempre habr谩 membretes listos a capturar inconformidades. La era de la alternancia se dibuj贸 as铆 en los municipios de Tamaulipas, durante las 煤ltimas d茅cadas del siglo 20.
As铆 naci贸 la necesidad que gobernadores y dirigentes encontraron de agarrarle tiempo al tiempo. Esto es, adelantar lo m谩s posible la definici贸n de las candidaturas, para provocar en etapa precoz el efecto “cargada”, buscando con esto desanimar a los dem谩s aspirantes.
Lo cual se complementaba con la llamada operaci贸n cicatriz, consistente en buscar de inmediato a los principales perdedores para compensarlos con alg煤n cargo (Oficina Fiscal, Comapa, dirigencia local del partido, otras) am茅n de posiciones en el ayuntamiento entrante.
Ello, en conciencia de que la “disciplina partidista” es poco efectiva cuando los intereses en juego rebasan cierto umbral. Tampoco sirve de mucho la fidelidad a principios o doctrinas. Para la l贸gica cruda del poder, cualquier membrete resulta un desfogue 煤til.
Adelantarse a los hechos y madrugarle a los ambiciosos permit铆a posicionar al candidato antes de que similar ambici贸n cundiera en otros grupos. Buscando siempre cooptar inconformidades mayores.
No era un sistema perfecto, pero permiti贸 al partido tricolor seguir logrando carros completos en etapa tard铆a, cuando ya reinaba la primera alternancia nacional, bajo FOX y CALDER脫N.
Tampoco es nueva, pues, la pataleta registrada en Reynosa y Matamoros, que hoy sacude a MORENA como partido oficial todav铆a biso帽o, que no logra todav铆a administrar sus tiempos con la eficacia debida.
Le pesa la novatez de la dirigencia estatal YURIRIA ITURBE. Y la impericia de esas otras manos que en los viejos tiempos del PRI sol铆an prestar asistencia desde el gabinete pol铆tico estatal.
Les toc贸 capotear reyertas similares a dirigentes del partido gobernante como ERNESTO GUAJARDO, ANTONIO MART脥NEZ TORRES, OSCAR LUEBBERT, ELISEO CASTILLO, OMAR ZAMORANO, CHUY VEGA y tantos m谩s.
El berrinche, pues, tiene antecedentes en la memoria period铆stica. Aunque son tormentas que, por tener lugar en el calendario, ser铆an en buena medida evitables mediante la planificaci贸n debida y la acci贸n oportuna.
Dice el diccionario de la Real Academia Espa帽ola que berrinche es “rabieta o enojo grande”, proviene de berraco (verraco) y hace alusi贸n al relincho de un equino o el gru帽ido de un cerdo.
Estallido emocional, reacci贸n fren茅tica cuando alguien ve frustrado un deseo. Desde luego, en los ni帽os resulta repentino. No as铆 en la competencia pol铆tica entre adultos, que tiene calendarios precisos y etapas previstas.
La nota de estos d铆as abunda en perturbaciones as铆, que en Matamoros tienen por principal protagonista al alcalde saliente MARIO L脫PEZ HERN脕NDEZ, apodado (por sus caireles) “La Borrega”.
Ha gobernado dos veces consecutivas, de 2018 a la fecha. Al menos por eso ser谩 recordado en a帽os venideros, siendo el primer alcalde reelecto en la historia de dicho municipio.
Sorprendi贸 (para mal) su pataleta contra el proceso de selecci贸n que culmin贸 en la nominaci贸n para la alcald铆a del diputado local con licencia ALBERTO GRANADOS FAVILA.
Las cr贸nicas hablan de un MARIO L脫PEZ enfurecido, repartiendo insultos a diestra y siniestra, pese a que fue premiado con una candidatura a diputado federal por el PVEM.
Con vocabulario tan florido como amenazador, “La Borrega” se dio de topes con la realidad, lanzando al aire un exabrupto rudo, del cual ser铆a 煤til que tomen nota en Palacio Nacional, cuando dijo:
-“Y el cabr贸n o la cabrona que venga a manipularlos y a ordenarles que nom谩s voten por MORENA, que chingue a su madre, as铆 de sencillo.”
Distinta es la trifulca paralela que se vive en Reynosa. Desde un principio era claro que el alcalde CARLOS PE脩A buscar铆a su reelecci贸n, al igual que su colega CARMEN LILIA CANTUROSAS en Nuevo Laredo.
No hab铆a lugar a la sorpresa. Con clara l贸gica, la tambi茅n diputada local con licencia MAGALY DEANDAR ROBINSON hace un v谩lido reclamo como participante del proceso selectivo.
Bronca, sin duda, muy diferente a la machincuepa de L脫PEZ HERN脕NDEZ en Matamoros, cuyos insultos parecen apuntar tan alto, que vaticinan desde ahora un efecto bumerang. Que regresen en tiempo y forma para estallarle en pleno rostro.