lunes, 9 de agosto de 2021

La sucesión como pesadilla

Cd. Victoria, Tam.- Por supuesto, el general PORFIRIO DÍAZ nunca tuvo ese problema. Permaneció mientras quiso (30 años) y, sin pensarle mucho, cuando lo creyó necesario sencillamente se largó.
El problema atañe a quienes llegan sabiendo que es imposible repetir. Cuando el límite del mandato es claro y sin variantes, un día más en el poder significa, indefectiblemente, un día menos.
Presidentes y gobernadores. A lo mucho pueden aspirar al cultivo de un sucesor misericordioso que corte el cordón umbilical con delicadeza, anestesia y guantes. Un poquito de crema, tal vez (observación, esta última, del señor GARCÍA PUEBLA).
Aunque no siempre ocurre así. Los cambios de régimen a menudo se asemejan a un machetazo brutal, un severo corte de hacha, bien porque (1) asume un mandatario de distinto partido o también cuando (2) el sucesor pertenece al mismo partido pero viene de un grupo político diferente o, incluso (3) siendo del mismo partido y grupo político, las circunstancias aconsejan una ruptura estridente para afianzar el mando.
En el viejo presidencialismo, JOSÉ LÓPEZ PORTILLO llamaba a esto: “romper para estabilizar.”
De aquí los temores objetivos que sobrecogen a quienes van de salida, a distintos niveles y de muy diversa índole:
(I) En principio porque gobernar es afectar intereses. Pisar callos de todo tipo, lo cual acumula resquemores que, en la mayoría de los casos, se van a manifestar hasta el mediano plazo. Resabios oscuros que exigirán el consabido ajuste de cuentas en la etapa de declive o, incluso, después.
(II) Pero también porque la ganancia del gobernante en turno puede fácilmente convertirse en botín de quienes están llegando. Sobre todo si dicha riqueza es ostentosa, inocultable, expuesta sin recato.
(III) Ello, sin olvidar que todo nuevo equipo tiene cierta necesidad natural, una especie de celo por demostrar públicamente su superioridad intelectual y moral sobre el grupo que le precedió.
(IV) Lo subraya AMLO cuando dice que “los perseguidores de hoy son los perseguidos del mañana”. Lo curioso es que, aún sabiéndolo, el presidente LÓPEZ OBRADOR insiste en usar su poder para cobrarse agravios (reales o imaginarios) con grupos políticos del pasado (PEÑA, CALDERÓN, FOX, ZEDILLO, SALINAS).
Y también descarga su ira contra sectores de la sociedad que (por razones muy personales) desprecia: académicos, intelectuales, periodistas, clases medias. Mala semilla que tendrá sus consecuencias, en la etapa de salida y aún después.
 
FINAL DE FIESTA
Por todo ello, los procesos sucesorios adquieren la forma de un drama isabelino, porque quien fuera todopoderoso es colocado de golpe en condiciones de franca vulnerabilidad.
Hace tiempo, en alguna reunión privada con comunicadores, un colega preguntó a TOMÁS YARRINGTON cuál era, a su juicio, el año más difícil de un sexenio. Las opiniones variaban.
Unos pensaban que el primero, pues exige mayor aprendizaje; otros que el tercero por el reto de la elección mediera y alguien más señaló el último, por aquello de la rendición de cuentas.
Su respuesta fue otra: “el séptimo”, dijo. La explicación es clara. Concluido el sexenio y la transmisión de mandos, a la mañana siguiente ya no hay corporaciones de seguridad que defiendan al susodicho.
Tampoco tiene acceso a presupuesto público alguno para apaciguar a sus malquerientes con canonjías o prebendas, ni un jefe de prensa que le suavice antipatías en redes y medios.
Peor todavía, la gente de su partido anda muy ocupada aplaudiendo al que llegó (o escondiéndose del mismo) como para defender a quien carga como estigma (o una pesada lápida) la condición de “exmandatario”.
Más aún, es el año en que se ponen a prueba las amistades. Son muchas cuando se está en el poder, pocas cuando se deja el mando.
-“Ahí es cuando compruebas” (decía TYR) “quienes son tus verdaderos amigos”. De aquí la necesidad de distinguir entre los amigos del gobernante y los amigos de la persona que funge como tal.
Los del gobernante aplican drásticamente la regla de “a rey muerto, rey puesto”. Son amigos del cargo, por lo que este representa y puede darles. Los amigos de la persona, en cambio, disminuyen drásticamente al día siguiente de que abandonó el puesto.
Sin olvidar un fenómeno muy cercano pero algo común del séptimo año y posteriores. Es tiempo de traiciones porque quien mejor conoce al exmandatario es quien mejores argumentos tiene para venderlos al adversario.
Datos duros, carne para la prensa, cuyo valor descansa en ser “de fuentes muy cercanas”. El delator busca salvarse, cobrarse acaso alguna desatención y evitar la cárcel, manteniendo sus propiedades y cuentas bancarias libres de cualquier auditoría o confiscación.
 
DEMONIOS DEL SUEÑO
Las persecuciones políticas son temibles. Muy cercanos son los casos de exgobernadores como ROBERTO BORGE de Quintana Roo y JAVIER DUARTE en Veracruz. Sin olvidar a los tamaulipecos, YÁRRINGTON y HERNÁNDEZ.
De esta dimensión son los fantasmas que quitan el sueño al inquilino principal de Palacio Nacional, cuando se llega a la cintura del régimen, tras la elección intermedia a partir del tercer año.
El tiempo parece que vuela y la orilla próxima se vislumbra más cercana. Sus enemigos siguen ahí, pendientes de su declive, esperando la coyuntura para saltarle encima.
Aún suponiendo que su partido gane, ¿cuál colaborador le garantiza que cuidará mejor sus espaldas, imagen pública, familia, bienes?... Por supuesto, ninguno al cien por ciento.
Quien llega necesita tirar lastre para sentarse plenamente a gobernar. Y ese lastre incluye a quien lo puso. Aunque siempre hay matices, siempre hay medidas. La intensidad de la ruptura dependerá de que tanto coopere el que va de salida. Si se resiste es peor.
Por poner un ejemplo, a hombres como RUIZ CORTINES, DE LA MADRID y ZEDILLO nadie los molestó porque su ausencia del medio político y de los reflectores nacionales fue puntual, deliberada, total.
En casos de mandatarios más testarudos y expansivos (ECHEVERRÍA, LÓPEZ PORTILLO, SALINAS) la ruptura tuvo que ser aparatosa porque se resistieron al cambio. Querían seguir jalando hilos desde la penumbra, ordeñando la vaca.
Ejemplo aleccionador el caso de SALINAS. Sufrió embargos cuantiosos, tuvo que escapar del país a toda prisa (Cuba primero, después Irlanda), su familia se deshizo, se divorció, mientras el hermano RAÚL era enviado a Almoloya y otro hermano (ENRIQUE) sería asesinado.
Ciertamente, el poder puede ser adictivo en grado extremo, como el alcoholismo o la farmacodependencia. De aquí la necesidad imperiosa de acciones tajantes por parte de quien llega, la inevitable purga.
De dicha necesidad no podrán escaparse ni la amada discípula CLAUDIA SHEINBAUM, ni el campeón de la lealtad MARCELO EBRARD, ni el socio útil RICARDO MONREAL. Tampoco LÁZARITO, el eventual caballo negro que hoy dormita a la vera del Ejecutivo.
La pesadilla de los años finales cobra forma en etapas como esta. Sueño premonitorio que anticipa los horrores del año siete y subsiguientes. Nos encontramos ya en el túnel de salida, habrá tiempo de reseñarlo al detalle.