Cd. Victoria, Tam.- Es tema global la conducta atípica de DONALD TRUMP respecto a Venezuela. El hombre ha llevado las cosas más allá de cualquier límite. Tras el derrocamiento de MADURO, la narrativa del presidente norteamericano es más propia de un pirata frente al botín, que de un estadista actual.
Centra su atención en las expectativas de ganancia que derivarían del control petrolero. En su discurso no cabe ni el ganador de las elecciones presidenciales EDMUNDO GONZÁLEZ, ni la líder ciudadana MARÍA CORINA MACHADO.
Tras las primeras jornadas posteriores al golpe, la coalición de fuerzas opositoras sigue en suspenso. La Casa Blanca mostró de pronto una agenda distinta. La lucha democrática desapareció del mensaje oficial y también el reclamo ante el fraude de 2024.
El gobierno chavista y toda su maquinaria de control siguen en el poder, ahora con DELCY RODRÍGUEZ como mandataria interina, apuntalada por los dos alfiles del viejo régimen: el Ministro de Defensa, general VLADIMIR PADRINO y el Ministro del Interior DIOSDADO CABELLO. Con ellos entiende ahora la Casa Blanca a través de su Secretario de Estado MARCO RUBIO.
Siendo EDMUNDO y CORINA claros representantes de la oposición derechista, victoriosa indiscutible en 2024, los observadores internacionales se quedan sin habla al escuchar que TRUMP no tendría planes de entregar el mando a quienes están legitimados por el voto.
Su procónsul sería RUBIO, no dicen por cuantos días, meses o años. Por lo pronto, el plan que asoma es el de administrar la riqueza del subsuelo con el argumento de que las compañías estadounidenses fueron expropiadas sin liquidar el valor de sus activos. Costumbre, por cierto, muy arraigada del comandante CHÁVEZ.
EL JUGADOR
Desde luego, el periodismo se hace con certezas y no con augurios. Aunque la rendija especulativa ofrezca interpretaciones alternativas como si fueran universos paralelos, que sin contar con la solvencia del dato duro, al menos sugieren significados distintos. Necesarios cuando la comprensión se oscurece, como ahora.
No es un secreto el que DONALD trasladó al primer nivel de mando una lógica salvaje, fincada en sus años como especulador inmobiliario. Un conjunto de astucias propias del apostador, el experto en “joint ventures”, alguien que orienta sus negocios con la expectativa siempre resbalosa de un jugador de póker o blackjack.
El hombre se formó en el mundo de los negocios rápidos, cuya eficacia exige buenos reflejos, audacia y un notable desapego a los compromisos, lo cual se refleja en su uso del lenguaje. Lo que diga hoy puede caducar mañana o la próxima semana. O en pocas horas.
De ahí su magistral manejo de eso que llaman “bluff” (hispanizado “bluf” o “blof”), emparentado con el término alemán “verblüffen” (dejar perplejo, asombrar). Simulación, finta, engaño, término propio de tahúres que en el contexto de los juegos de cartas hacen creer al oponente que tienen una jugada mejor y sacan ventaja de dicha expectativa.
En español se entiende también como fanfarronada, grandilocuencia aparente, juego de espejos que en forma deliberada oculta la realidad para tener siempre a la mano el factor sorpresa. Exageración, montaje hábilmente dosificado, a menudo falso, sin fundamento, empleado solo para impresionar.
Aplicado a la negociación comercial y política implica sembrar expectativas que no siempre coinciden con la realidad o la capacidad de ejecución. Aunque el ruido, resulte muy capitalizable.
Ejemplo clásico, un líder mundial lanza amenazas terminantes, sanciones económicas o acciones militares, sin tener la verdadera intención de cumplirlas y con el único fin de que el adversario ceda.
El efecto es disuasivo y nos remite también a las armas de destrucción masiva, emplazadas básicamente para intimidar, más que para usarse, como mero recurso de negociación. Los rearmes destinados a forzar concesiones diplomáticas sin llegar al conflicto real.
EN VENEZUELA
En una primera lectura, la administración trumpiana estaría aterrizando en Caracas con desplantes de filibustero y rebasando de manera grotesca las expectativas de cambio fincadas en un eventual gobierno de EDMUNDO GONZÁLEZ o (mejor aún) de MARÍA CORINA.
Por ahí se le escapó a TRUMP una observación muy interesante el mismo día 3 de enero, cuando se difundía el asalto a la presidencia venezolana.
En su opinión, MARÍA CORINA no tiene el apoyo ni el respeto de todos ("doesn't have the support or the respect") pues sería muy difícil para ella ser la líder ("very tough for her to be the leader"). Frases tajantes, muy duras pero… ¿sinceras o solo blof?...
¿Qué ocurriría si en los próximos días, alegando presión internacional (y nativa), DONALD retrocede en su proyecto colonizador y posterga su asalto brutal a las instalaciones petroleras, para dar paso al grupo opositor que (no olvidemos) posee sobrada legitimidad para gobernar?
Un sector importante del chavismo preferiría esta salida institucional (democrática, al fin) a la gerencia imperial de MARCO RUBIO (por cierto, poco creíble). El solo amago de instalar un gobierno colonial puede lograr que un sector del chavismo prefiera la opción intermedia que es la de reconocer el triunfo opositor. Bajo dicha óptica, parece obvio que DONALD juega con varias cartas.
Centra su atención en las expectativas de ganancia que derivarían del control petrolero. En su discurso no cabe ni el ganador de las elecciones presidenciales EDMUNDO GONZÁLEZ, ni la líder ciudadana MARÍA CORINA MACHADO.
Tras las primeras jornadas posteriores al golpe, la coalición de fuerzas opositoras sigue en suspenso. La Casa Blanca mostró de pronto una agenda distinta. La lucha democrática desapareció del mensaje oficial y también el reclamo ante el fraude de 2024.
El gobierno chavista y toda su maquinaria de control siguen en el poder, ahora con DELCY RODRÍGUEZ como mandataria interina, apuntalada por los dos alfiles del viejo régimen: el Ministro de Defensa, general VLADIMIR PADRINO y el Ministro del Interior DIOSDADO CABELLO. Con ellos entiende ahora la Casa Blanca a través de su Secretario de Estado MARCO RUBIO.
Siendo EDMUNDO y CORINA claros representantes de la oposición derechista, victoriosa indiscutible en 2024, los observadores internacionales se quedan sin habla al escuchar que TRUMP no tendría planes de entregar el mando a quienes están legitimados por el voto.
Su procónsul sería RUBIO, no dicen por cuantos días, meses o años. Por lo pronto, el plan que asoma es el de administrar la riqueza del subsuelo con el argumento de que las compañías estadounidenses fueron expropiadas sin liquidar el valor de sus activos. Costumbre, por cierto, muy arraigada del comandante CHÁVEZ.
EL JUGADOR
Desde luego, el periodismo se hace con certezas y no con augurios. Aunque la rendija especulativa ofrezca interpretaciones alternativas como si fueran universos paralelos, que sin contar con la solvencia del dato duro, al menos sugieren significados distintos. Necesarios cuando la comprensión se oscurece, como ahora.
No es un secreto el que DONALD trasladó al primer nivel de mando una lógica salvaje, fincada en sus años como especulador inmobiliario. Un conjunto de astucias propias del apostador, el experto en “joint ventures”, alguien que orienta sus negocios con la expectativa siempre resbalosa de un jugador de póker o blackjack.
El hombre se formó en el mundo de los negocios rápidos, cuya eficacia exige buenos reflejos, audacia y un notable desapego a los compromisos, lo cual se refleja en su uso del lenguaje. Lo que diga hoy puede caducar mañana o la próxima semana. O en pocas horas.
De ahí su magistral manejo de eso que llaman “bluff” (hispanizado “bluf” o “blof”), emparentado con el término alemán “verblüffen” (dejar perplejo, asombrar). Simulación, finta, engaño, término propio de tahúres que en el contexto de los juegos de cartas hacen creer al oponente que tienen una jugada mejor y sacan ventaja de dicha expectativa.
En español se entiende también como fanfarronada, grandilocuencia aparente, juego de espejos que en forma deliberada oculta la realidad para tener siempre a la mano el factor sorpresa. Exageración, montaje hábilmente dosificado, a menudo falso, sin fundamento, empleado solo para impresionar.
Aplicado a la negociación comercial y política implica sembrar expectativas que no siempre coinciden con la realidad o la capacidad de ejecución. Aunque el ruido, resulte muy capitalizable.
Ejemplo clásico, un líder mundial lanza amenazas terminantes, sanciones económicas o acciones militares, sin tener la verdadera intención de cumplirlas y con el único fin de que el adversario ceda.
El efecto es disuasivo y nos remite también a las armas de destrucción masiva, emplazadas básicamente para intimidar, más que para usarse, como mero recurso de negociación. Los rearmes destinados a forzar concesiones diplomáticas sin llegar al conflicto real.
EN VENEZUELA
En una primera lectura, la administración trumpiana estaría aterrizando en Caracas con desplantes de filibustero y rebasando de manera grotesca las expectativas de cambio fincadas en un eventual gobierno de EDMUNDO GONZÁLEZ o (mejor aún) de MARÍA CORINA.
Por ahí se le escapó a TRUMP una observación muy interesante el mismo día 3 de enero, cuando se difundía el asalto a la presidencia venezolana.
En su opinión, MARÍA CORINA no tiene el apoyo ni el respeto de todos ("doesn't have the support or the respect") pues sería muy difícil para ella ser la líder ("very tough for her to be the leader"). Frases tajantes, muy duras pero… ¿sinceras o solo blof?...
¿Qué ocurriría si en los próximos días, alegando presión internacional (y nativa), DONALD retrocede en su proyecto colonizador y posterga su asalto brutal a las instalaciones petroleras, para dar paso al grupo opositor que (no olvidemos) posee sobrada legitimidad para gobernar?
Un sector importante del chavismo preferiría esta salida institucional (democrática, al fin) a la gerencia imperial de MARCO RUBIO (por cierto, poco creíble). El solo amago de instalar un gobierno colonial puede lograr que un sector del chavismo prefiera la opción intermedia que es la de reconocer el triunfo opositor. Bajo dicha óptica, parece obvio que DONALD juega con varias cartas.